EL FUTURO DE CATALUNYA

(PERICO PASTOR)
 

Diada de la independencia

Si España sigue sin escuchar, pronto será inútil discutir sobre la suficiencia de una mayoría independentista

XAVIER
BRU DE SALA
 
Me gustó mucho el titular de EL PERIÓDICO del día siguiente, que reproduzco en el título, como también me gustó el de la Diada: un gran Escucha España sobre el triángulo azul de la estelada . Como me gustaron, y constato una aprobación general, la actitud y las palabras del president Mas . Como encontré instructivo y adecuado el documental de TV-3 sobre el sitio de Cardona. Como me alegró profundamente el reencuentro entre la sociedad y su literatura propiciado en los actos oficiales por Mònica Terribas . Por cierto –hoy les escribo como hablaría a un amigo–, que más de un buen lector cree que el «Escolta, Espanya» es de Espriu, y van errados (es de Joan Maragal l) pero no mucho, ya que podemos entender buena parte de La pell de brau como un desarrollo o puesta al día de las posiciones de Maragall . Y por cierto también, que Maragall acaba con un «¡Adéu, Espanya!» compartido por Espriu . Tomen nota de la magnitud de su error los que creen que la poesía, en verso o en prosa, es como los pendientes y empiecen a entenderla como la máxima expresión de los sentimientos y el fundamento de las actitudes y del sentido de la existencia.

La aspiración a la independencia cobra vuelo y todavía no ha tocado techo. Si España sigue sin escuchar, es decir sin operarse de la sordera de campanario y del complejo imperial, pronto se convertirán en inútiles las discusiones sobre la suficiencia de la mayoría independentista. Esto es una marea, un movimiento tectónico de placas, una corriente de fondo que apenas aflora, y ahora empieza a hacerlo, cuando se sabe mainstream de Catalunya.
Sea como fuere, y va por los inmovilistas de hecho, cada uno es libre de manipular como le parezca los datos, pero me parece poco riguroso poner la divisoria entre el 34% que prefiere la independencia, sumar a continuación los partidarios del Estado catalán en una España federal (26%) a los conformes con la autonomía (27%) y concluir, con estas u otras palabras, que lo mejor que podemos hacer los catalanes es quedarnos como estamos. No, la línea de las aspiraciones separa, y hoy por hoy no demasiado, a los partidarios de la independencia más los del Estado propio, que suman el 60%, de los que prefieren a Catalunya como región o autonomía, que ya casi es lo mismo. Estos dos últimos grupos, sumados, no llegan a la tercera parte de la población, según la muy importante encuesta de este diario publicada el martes. La conclusión es que la gran mayoría rechaza quedarse como estamos, y dentro de esta mayoría son muchos los que aún prefieren cambiar España a separarse. Pero a la hora del caixa o faixa , y este es el proceso histórico que vivimos, una parte de estos últimos, suficientemente significativa como para hacer ganar con claridad el , aún no lo sabe pero acabará decantándose a favor de la independencia. Hoy, la tendencia de la sociedad es esa, o se parece a ella más que ninguna de las interpretaciones de la manifestación y los sondeos de opinión que los imaginan como una pequeña y pasajera febrícula que se arregla, como los resfriados, con una temporadita de tratamiento sintomático o una quimérica ampliación del Estatut. Tal como vamos, resulta más factible la independencia que la federación o la confederación.
Que el soberanismo está en marcha es evidente. El salto, o en el peor de los casos el asalto, a una u otra forma de soberanía por parte catalana es inevitable. Nadie sabe cómo acabará, pero ya ha comenzado. Lo repito porque, después de años de avisarlo, ahora ya no es posible discutirlo si no es desde la ceguera. El intento soberanista catalán es inevitable y no está para muchos aplazamientos. Cualquier alternativa requiere reformar a fondo la Constitución, ya no reinterpretarla.

A partir de estas dos premisas, la voluntad catalana y la sordera de Madrid, todo son incertidumbres y dificultades. Podemos constatar que el único aliado de esta mayoría que aún se encuentra en proceso de ampliación es la democracia. Ni Europa, ni Estados Unidos ni por supuesto Madrid darán las más pequeñas facilidades. Al contrario, no harán otra cosa que poner palos en las ruedas y presionar al máximo para que Catalunya no se independice. Pero, llegado el caso, es probable que también presionen a Madrid, y con mucha fuerza, para que negocie una solución de tipo confederal. Tengamos presente que España está inmersa, por desgracia propia, en pleno proceso de pérdida de soberanía. España es incapaz de escuchar, de comprender, de modificarse para ofrecer soluciones... si no es que desde fuera, como le ha sucedido a veces en la historia, le dictan lo que debe hacer y la obligan a cumplirlo. Esta y no otra es la esperanza plausible de los federales y los confederales.
Lo más importante, al final: la parte alícuota de la deuda española será la gran moneda de cambio. Si hay acuerdo, los catalanes la pagaremos. Si se produce la ruptura y llegamos a quedar fuera de la UE, o en otras palabras si llegado el caso la independencia no es negociada y amistosa, deberá asumirla Europa, porque España no la podrá pagar.

Escritor