ENTREVISTA CON EL PREMIO PULITZER DE ORIGEN DOMINICANO

El escritor Junot Díaz, en el CCCB, donde participó en el festival Primera Persona. (JULIO CARBÓ)
 

Junot Díaz: «¿Por qué las mujeres aguantan a los hombres?»

Publica ‘Así es como la pierdes’

ERNEST ALÓS
BARCELONA
 
Los hombres de su novela y sus cuentos, dominicanos criados en Nueva Jersey como él, son buenmozos pero papichulos . Unos tremendos tígueres . Sus mujeres, unas jeva s a las que esos broders promiscuos y egoístas les dan muy mala vida. Ese es el mundo, escrito originalmente en un inglés lleno de hispanismos, de los libros de Junot Díaz (Santo Domingo, 1968), el segundo escritor latino en ganar el Pulitzer de novela, en el 2008, con La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Hijo de un autoritario policía del régimen de Trujillo, emigrado con 6 años, hermano de dos marines y profesor de escritura creativa en el MIT, tiene un otro yo en un personaje que aparece en todos sus libros, Yunior.Ha pasado por Barcelona para participar en el festival Primera Persona en el CCCB y presentar los nueve cuentos de Así es como la pierdes .

–¿El titulo del libro es una declaración, digamos, moral: así es como la pierdes, siendo como los hombres del libro, infiel, egoísta...?

–Sí, pero también otras cosas. Porque yo creo que el problema con Yunior no tiene que ver tanto con que es un jodedor, un mujeriego, como decimos allá en Santo Domingo
–claro que eso es un problema, que no le está ayudando en su vida y en sus relaciones y que hace daño a mucha gente–, sino que es más vasto. No quiere reconocer todo ese dolor que lleva encima. No es tanto ser un mujeriego, machista. Es el problema de esos hombres que no tienen los recursos, la cultura, de ‘cómo bregar yo con mi dolor, de cómo enfrentarme yo a mí mismo’. Mire las cosas que le pasan a Yunior en este libro: su papá le abandona, su mamá lo trata como a un compañero de cuarto y no cómo a un hijo y solo quiere a su hermano mayor, que está medio loco y que se muere de cáncer. No tiene una vida fácil y él mismo no reconoce su dolor. ¿Sus problemas son porque es un hombre latino? Bueno, también tienen que ver con que ha sufrido y no lo quiere reconocer.

–¿Va en contra del modelo tradicional de masculinidad, su libro?

–Mire, yo me crié durante los 80. Yo no escribo sobre toda la comunidad, sino sobre una parte, los emigrantes de unos cuantos pueblos al sur de Santo Domingo que se afincaron en Nueva Jersey, y de un tiempo determinado. Eso fue la época del crack, la época del sida. En el barrio mío todo el mundo tenía su pipa, todo el mundo tenía su vaina que le gustaba fumar. Y esos hombres tenían unas prácticas sociales, unos privilegios: podías ir con tres mujeres pero eso no significaba que perdieses tu trabajo, o que tu mamá te cerrase la puerta, o que no vayas a tener amigos... Con las mujeres no era lo mismo: si una mujer dormía con tres hombres, ¿tú crees que su mamá le iba a abrir la puerta? Nooo, por lo menos no donde yo me críe. No es solo que un hombre quiera ponerle los cuernos a cualquiera, eso tiene raíces. Es una cultura. ¿Cómo tú aprendes que te gusta rapar, dormir con muchachas? Tienes que tener unas referencias. Claro que yo quería criticar esa clase de masculinidad, pero también quería enseñar cómo esa masculinidad y sus privilegios, que son prácticas muy inhumanas, están interrelacionadas con muchos dolores.

–¿Detrás de esa actitud de macho depredador sexual, ¿está aún el fantasma del dictador Trujillo?
–Trujillo es todavía un síntoma. Antes de Trujillo ya este patrón estaba hecho. Trujillo agarró todos esos privilegios, todas esas vainas simbólicas, y construyó un régimen. Tenía poder porque el pueblo dominicano entero creía [aquí cambia su voz melosa por un vozarrón de machote] que eso significa ser un hombre, eso significa el poder, que tú eres el dueño de la casa... Como el practicante superexcelente de esa masculinidad, Trujillo fue como una emisora de esos valores. Pero antes de él, esa idea de masculinidad y el poder, y que el hombre dominicano tiene que tener muchas mujeres, ya existía.

–Yunior trata de dejar de ser infiel.
–Mi viejo, mi abuelo, era campesino. Arrancar una mata y que no quede ni una raíz es la cosa más difícil del mundo. Eso eso es difícil, man . Y lo mismo con tus privilegios. Eso es una adicción. De las adicciones no te curas, lo único que puedes hacer es gestionarlas. Y enfrentarte a por qué lo haces: porque, mientras, no tengo que pensar que soy débil, que no soy lindo o fuerte, que no tengo dinero, que cuando era chiquito me violaron, que cuando era chiquito me dieron muchos golpes... y no tengo que pensar que mi pareja es un ser humano. Es más fácil vivir con un objeto que con un ser humano. Porque si vivo con una persona me tengo que quitar la máscara, hacerme vulnerable. La infidelidad tiene que ver con esas cosas. Con evitar mirarte a ti mismo. Yo tengo dos hermanas y siempre les he aconsejado; ‘mira mi amor, es que los hombres son...’ No hay nadie que tenga más talento con las máscaras que ellos. Siempre les digo, ‘no te confundas, esa no es su cara. Eso no significa que sea un animal o una mala persona. Pero mi amor, aunque tú lo quieras mucho, esa no es su cara’.

–Pero, ¿y las mujeres dominicanas? ¿Cómo lo aguantan, ellas?
–Este no es el primer viaje que hago a España y también me pregunto: ¿cómo las españolas aguantan a los españoles? Coño, qué generosas son. Porque los hombres son como los dominicanos. Y nos aceptan, nos toleran. Esa es una de las grandes preguntas del universo: ¿por qué las mujeres aguantan a los hombres? Lo que veo de la mujer dominicana es que para entrar en el amor tiene que tomar riesgos. ¿Qué hombre es perfecto, lleva una señal que diga ‘no te haré mal’? Si eres straight, para una mujer eres de alto riesgo. Hay mujeres que no aceptan este riesgo en mi libro, y otras que sí quieren tomarlo. Tenemos una cultura que dice a las mujeres que la vida no vale la pena sin un hombre.

–Y hablando de máscaras. ¿Qué hay de Junot Díaz en Yunior?
–Depende del libro. Mi primer libro [ Los boys ] tenía muchísimo que ver con mi vida: mis familiares, casas, discursos, personalidades, personajes... Yo-robé-todo. Para La maravillosa vida breve de Óscar Wao lo inventé todo. Ese fue el reto de la novela. Y este libro, mitad y mitad.

–¿Se siente portavoz de la comunidad hispana en EEUU?
–No. Uno tiene que entender que es una comunidad tan diversa, tan mezclada... Necesitamos líderes políticos y artistas. Yo soy artista, yo solo puedo hablar con , no hablar por .

–¿Cómo vive EEUU el crecimiento de la comunidad latina?
–Se están cagaaaando. Imagínate. Que el pueblo que tú más has mal-tra-ta-do te está aumentando. Que Obama gane dos voces por el voto latino. Pero vamos a ver. También podemos ser manipulados. A veces los números no se traducen en poder.

–Esos futuros 50 millones de latinos, ¿serán 50 millones de hispanohablantes, o de exhispanohablantes?
 –¿Cómo yo? No, no. Me siento en la mesa de mi familia y yo hablo un español muerto, rarísimo, solo me puedo defender. Mis hermanas son completamente bilingües, mi mamá no habla ni papa de inglés y tengo dos hermanos que no hablan ni papa de español pero lo entienden. En esta familia tiene el futuro del español en EEUU. Habrá de todo. Y cada año sigue llegando gente nueva que renueva este patrón.