IDEAS
Chernóbil, Fukushima

RICARD
RUIZ GARZÓN
Será porque es tierra de mosqueteros, pero este fin de semana, durante un viaje a la Gascuña, me han asaltado varios activistas con afilados panfletos antinucleares. En Barcelona, en cambio, solo he oído chistes tóxicos, o sea cafres, en torno a Fukushima, y he visto cuatro debates televisivos fatalmente estereotipados sobre las ventajas e inconvenientes de la energía atómica. Nada muy serio, al menos, hasta que he llegado a las librerías.
En ellas la cosa cambia, tanto por el 25º aniversario de la catástrofe de Chernóbil como por la preocupante actualidad japonesa. Glénat, por ejemplo, lanzará la semana que viene la novela gráfica La zona , de F rancisco Sánchez y Natacha Bustos, una maravilla sobre tres generaciones de una familia afectada por el desastre ucraniano que se acerca al tema con una sobriedad y un rigor documental asombrosos.
También acaban de aparecer dos novelas igualmente inspiradas en lo que Álvaro Colomer, en un galardonado reportaje de su libro Guardianes de la memoria , denominó una de las grandes «cicatrices» de Europa. De la primera, El ciclista de Chernóbil , de Javier Sebastián (DVD), se empieza a decir ya que es de las mejor documentadas y quizá la mejor escrita. La otra, la titulada Punto de fisión , de David Torres (Algaida), acaba de recibir el Premio Logroño.
En no ficción, saldrá el 8 de abril Chernóbil.
25 años después , de Santiago Ca-
macho (Debate). Si le sumamos ensayos generalistas, y opuestos, como los recientes El espejismo nuclear , de Marcel Coderch y Núria Almidón, y Nucleares, ¿por qué no? , de Manuel Lozano Leyva, es evidente que el debate está vivo, por desgracia más que nunca, aunque no acabe de llegar a la calle.
¿Cómo lograrlo? Bastaría con que la gente conociese mejor el clásico Chernóbil. Confesiones de un reportero , del fotógrafo Igor Kostin: su testimonio bajo el efecto de la radiación es de los más impactantes y justifica que el Washington Post le bautizara como el Hombre Legendario. También lo es el libro, recién reeditado en catalán y castellano por Efadós. Sería una vergüenza olvidarlo, como lo será desentenderse de lo ocurrido en Japón. Y que lo hagamos, con o sin panfletos, con o sin libros, con o sin debates, hasta que lleguen los titulares del próximo desastre.