LARGO PLAZO

El caso del turista timado

OLGA
GRAU
 
Hace dos años, un domingo como hoy tomaba café con unos buenos amigos en una cafetería al lado de la Sagrada Família. La catedral de Gaudí era un hervidero de turistas pertrechados de mapas, guías, gafas de sol y mochilas. Mientras esperaba a que me devolvieran el cambio en la barra, escuché al camarero decirle a un turista italiano el importe de su consumición: «Son 3 euros, three euros».
El italiano de la mesa de nuestro lado se había tomado un café, igual que yo. Pero a mí me habían cobrado 1,10 euros, y a él, la friolera de tres. El resignado turista, probablemente acostumbrado a los precios de algunos capuccinos en zonas céntricas de Roma o Milán, ya había pagado cuando quisimos reaccionar. Le explicamos rápidamente que le habían cobrado de más e iniciamos un pequeño zafarrancho en el local que se saldó con la devolución del importe al damnificado.
Hace escasos días, fui yo la estafada. Fue en un taxi de Sevilla desde el aeropuerto camino de un hotel. La tarifa reglamentaria son 23,75 euros, maletas incluidas, pero el taxista andaluz me cobró 48 euros. Eso sí, después de explicarme con todo lujo de detalles por qué no hay oro en la Torre del Oro.
El caso acabó en manos de una simpática unidad de policías vestidos de paisano que patrullan por la ciudad. Me explicaron que esto de los timos es muy frecuente en Sevilla. «Sobre todo con los japoneses», me dijeron. Por eso se constituyó el dispositivo ciudadano al que ellos pertenecen y que me facilitó el papeleo de la denuncia.
El pasado viernes, viendo las cifras del paro de la Encuesta de la Población Activa (EPA), me quedé con una frase del profesor del IESE, Juan José Toribio . El académico se mostraba esperanzado en que la cifra de casi cinco millones de parados empiece a remitir y hayamos tocado ya fondo. «Da la impresión de que la campaña de turismo está yendo excepcionalmente bien y este hecho puede contribuir a frenar el paro».
El turismo es ciertamente el único sector que tira de la economía. En los últimos años, la actividad en España ha dado un paso de gigante en servicio y calidad. Además, desde que se inició la crisis, el sector ha contenido costes, los hoteles han bajado precios y las aerolíneas han lanzado descuentos. Las revueltas en los países árabes han desviado el flujo de turistas hacia España, sobre todo a Baleares y Canarias.
En Catalunya, esta industria aporta más del 11% al PIB catalán y ha demostrado a lo largo de la crisis más solidez y más capacidad de encaje que otras. Por eso resulta tan molesto que haya quienes decidan unilateralmente matar a la gallina de los huevos de oro y que quienes deben velar porque todo esto no ocurra miren hacia otro lado.