EL PERSONAJE DE LA SEMANA

Montoro, en cuatro momentos del debate de las 10 enmiendas a la totalidad de los Presupuestos del 2012, esta semana, en el Congreso. (juan manuel prats)
Cristóbal Montoro, el ministro burlón
El titular de Hacienda exhibió esta semana un tono arrogante y despectivo en el debate de los Presupuestos. Recordó a Rubalcaba el recorte del sueldo de los funcionarios que estableció Zapatero y acusó a ERC e ICV de «dejar facturas en el cajón»
La actitud didáctica y tranquila que se les supone a los maestros ha perdido la batalla frente al tono altanero que Cristóbal Montoro (Jaén, 1950) exhibió el martes y el miércoles en algunos episodios del debate sobre los Presupuestos Generales del Estado. El ministro de Hacienda, sabedor de que las enmiendas a la totalidad de las Cuentas iban a ser rechazadas de todos modos gracias a la mayoría absoluta con la que cuenta el PP, se mostró especialmente arrogante con todas las fuerzas políticas con una excepción, CiU, a cuyos diputados intentó ganarse, sin éxito, para que apoyaran los Presupuestos.
El ministro empezó su primera intervención acusando directamente a las comunidades del déficit público, un mensaje que iba dirigido a los gobernantes autonómicos, pero también a los mercados y a algunos socios europeos que miran con recelo el modelo territorial español por considerarlo responsable de la mala gestión de las cuentas públicas.
Con la ley en la mano
«El Gobierno, en ejercicio de las atribuciones que le otorga la Constitución y la nueva ley de estabilidad presupuestaria, ejercerá la capacidad de prevenir, supervisar, penalizar e intervenir a las comunidades que no puedan cumplir por sí mismas los objetivos de déficit», amenazó desde la tribuna del Congreso.
Frente a Alfredo Pérez Rubalcaba, líder del PSOE, se mostró burlón porque propuso que el Gobierno pida a Bruselas que se afloje el ritmo de los ajustes para no ahogar el crecimiento. Montoro desprecia esta idea, aunque algunos dirigentes europeos de izquierdas y cada vez más analistas la defienden. De hecho, el propio Gobierno del PP relajó los compromisos ante la Unión Europea cuando decidió, en un principio, que el déficit del 2012 se cerraría en el 5,8% del PIB y no en el 4,4%, como España había suscrito.
«Muy social, muy social...», se mofó el ministro cuando, denunciando la «herencia» del PSOE, le recordó a Rubalcaba el recorte del sueldo de los funcionarios aprobado por José Luis Rodríguez Zapatero. La actitud burlona de Montoro aumentó cuando tuvo que debatir con ERC e ICV; despreció sus enmiendas a la totalidad porque, a su juicio, tienen «visiones aisladas y parceladas». Estas dos formaciones, según Montoro, carecen de autoridad moral después de haber dejado «facturas en el cajón», en referencia a la gestión del gobierno tripartito en Catalunya.
«No es momento de escuchar discursos aislacionistas ni ‘qué hay de lo mío’», dijo el ministro, que añadió que España no puede mostrarse ante Europa como una «isla con brotes nacionalistas». «Hemos superado la Edad Media», añadió.

(juan manuel prats)