LAS CAMPAÑAS
La serenidad de Hollande
El aspirante socialista ha sabido cambiar la imagen de blando por la de un hombre de Estado con capacidad de liderazgo. Su discurso es un renovado nacionalismo socialdemócrata
François Hollande ha ganado claramente la campaña electoral y aunque no es condición suficiente para vencer en las urnas es más fácil conseguirlo si lo has hecho bien. Su victoria en la primera vuelta así lo acredita. Los franceses optarán hoy –más que por dos partidos– por dos maneras de entender la política y el poder. Estas son las claves principales.
El candidato del cambio empezó pronto y marcando el ritmo. El 22 de enero, en Le Bourget (cerca de París), Hollande habló durante hora y media, ofreciendo un discurso sorprendente, que fue valorado por la opinión pública como uno de los mejores de todos los tiempos. Mezclaba lo personal y lo político, anclado en los valores de la izquierda y citando a Camus, Luther King, Kennedy, Obama. El discurso, de estadista –y minuciosamente preparado por él mismo– fue ampliamente alabado y transformó de golpe la percepción blanda que se tenía sobre él. Demostró que podía ser un gran líder, ante el entusiasmo de sus simpatizantes. Reivindicó otra política, otro mercado, otra Francia. Y se reivindicó a él mismo.
Hollande ha identificado correctamente el sentimiento que suscita Merkel en el electorado. Se presenta como el dirigente que se enfrentará a Merkel : a su manera de entender Europa, la sociedad y las finanzas internacionales y comunitarias. Hollande ha representado mejor los intereses (y los sentimientos) de la ciudadanía francesa. Emerge un renovado nacionalismo de corte socialdemócrata. Ha sido útil para su candidatura. Veremos si es, también, bueno para Europa.
Hollande se presenta como el continuador de la historia francesa en la búsqueda de la igualdad. Su vídeo electoral, entremezclando el relato progresista francés, con el uso de frases de su discurso de Le Bourget, (al estilo del vídeo Yes, We Can de Obama ) está plagado de pequeños guiños simbólicos que relacionan épocas, ideas y referentes políticos. Ha utilizado bien la historia. Y el orgullo francés. Ofrece serenidad, cambio y reencuentro con las esencias de la República, a partes iguales.
Hollande recuerda a La force tranquille de Miterrand. Frente al desconcierto y la irritación que genera la crisis, propone una alternativa serena. Se ha preparado a conciencia. Es la antítesis de Sarkozy : un improvisador nato, excitado e imprevisible. Ganó la campaña y ganó el debate. Seguramente ganará las elecciones.