EVO MORALES

(tàssies)
El ‘indio’ y la ley cósmica
Dos semanas después del mazazo de Kirchner, el presidente de Bolivia ha dado otro revés al empresariado español. Pero a él la idea le rondaba desde que la oligarquía de su país lo ninguneaba.
Evo Morales pasará a la historia de América Latina por, al menos, ser el primer líder indigenista en llegar a la presidencia, por promocionar la chompa (jersey de alpaca tejido a mano) como –dudosa– prenda de etiqueta y por su obstinación en nacionalizar los recursos energéticos de Bolivia. A esta última categoría pertenece su reciente anuncio de expropiar la filial de Red Eléctrica Española. No se puede negar que las tres demuestran coraje, astucia y osadía.
Pero este mesías del altiplano que hoy colecciona honoris causa y se fotografía junto a Obama, Fidel y el Papa es muy distinto al que se me apareció en el 2004. A principios de febrero de aquel año, la Federació Catalana d’ONG per al Desenvolupament le invitó –con cierto esfuerzo económico– a Barcelona. Me llamaron para saber si tenía interés en entrevistar a un líder indigenista boliviano al que nadie prestaba atención. «Se llama Evo Morales» , precisaron. Acepté, me documenté y saqué en claro que había crecido en la penuria
–su padre era un criador de llamas aimara–, que había llegado desde la defensa de los cocaleros a encabezar el Movimiento al Socialismo (MAS) y que, junto a otros indígenas, había soliviantado al Parlamento por llevar chicote (látigo) para acallar las provocaciones de la aristocracia política encabezada por Carlos Mesa, horrorizada, entre otras cosas, de que «aquella gente» utilizara los mismos lavabos que ellos.
Miedo y ganas de llorar
La cita se fijó el glacial sábado 7, a las 9 de la mañana, en la sala Transformadors de la calle de Ausiàs Marc. Y allí se presentó Morales, puntual, arrastrando una maletita y una abrumadora timidez. Como Transformadors estaba cerrado, acabamos en la barra de un frankfurt. Sin casi mirar a los ojos y con voz más bien queda, contó que había llegado al Parlamento después de una carrera sindical, pero que los oligarcas querían echarlo del hemiciclo acusándole de asesinato. «La CIA hace aparecer soldados muertos para incriminarme –aseguró– . Me llaman narcotraficante y terrorista, dicen que recibo dinero de las FARC. Lo que pasa es que ellos no aceptan que un indio, un animal, un cochino tenga el poder y pida justicia. Al principio me asustaba, me daban ganas de llorar... Pero me hicieron ver que debía sentirme orgulloso, porque significa que me estoy convirtiendo en un símbolo de la lucha por la dignidad».
Al segundo café, Morales confesó que no estaba «preparado para gobernar», pese a tener detrás la fuerza de quechuas, aimaras y guaranís –el 62% de la población de Bolivia–, los verdaderos amos de su «noble tierra». Y con los ojos humedecidos, recordó que 60 años atrás no tenían derecho a caminar por las aceras, ni a entrar en las plazas principales y mucho menos a ir a la escuela. Tras esa mínima concesión a la nostalgia, pasó muy rápido a soltar lo que de verdad le parecía capital que supiera España, Europa, el mundo entero: había que recuperar los recursos energéticos para los bolivianos. «Son el patrimonio, la esperanza, la solución», dijo, añadiendo que era una lección que había aprendido de Hugo Chávez. Y se despidió, tirando de su maleta y agradeciendo el tiempo dedicado. «Algún día refundaré el país según los principios de la ley cósmica: ama sua (no ser ladrón), ama llulla (no ser mentiroso) y ama kjella (no ser un flojo)», anunció.
Dos años después de aquel encuentro extraño, en un frankfurt, a las 9 de la mañana, Evo Morales se convertía en presidente de Bolivia con el 53,74% de los votos. El 22 de enero del 2006 el país le recibía como al salvador que venía a rescatar el país del oprobio. No tardó en estatalizar los recursos, e incluso pidió a Chile que le entregara un pasillo hasta el Pacífico, la franja de Atacama, que Bolivia perdió en la guerra del Salitre, en 1879, para exportar mejor.
Empiezan las dudas
Pero no pasó mucho tiempo para que empezaran las dudas sobre sus convicciones democráticas y la sinceridad de su ecologismo. Así, mientras apelaba a la Tierra Madre ( Pachamama ), anunciaba su intención de construir una carretera en medio de un territorio indígena, o daba luz verde al cultivo de soja transgénica. Por no olvidar el impulso de la nueva legislación sobre la prensa y el control del 67% de los medios de comunicación. ¿Habrá incumplido alguna de las patas de su ley cósmica?
En todo caso, mientras el primer mundo agonizaba, Bolivia creció en el 2011 un 5,2%,
el porcentaje más alto de la región. «Estaremos mejor que Suiza en 10 o 20 años», avisó en una de esas desternillantes sentencias suyas, superada por aquella otra que ha pasado a la posteridad por cortesía de YouTube: «Los hombres cuando comen pollo tienen desviaciones en su ser como hombre». Y por si fuera poco el entretenimiento, Morales también da vidilla a los programas del corazón. El presidente sigue soltero – «no he tenido tiempo de casarme»–, es padre de dos adolescentes –Eva Liz, que fue reconocida tras siete años de dura batalla judicial, y Álvaro, cuya madre está prácticamente en la indigencia– y, al parecer, no lleva precisamente una vida de monje. De hecho, sus compatriotas le han llegado a llamar Evusconi. Nada que ver con el líder indigenista de aquel gélido febrero.