EDITORIAL

Gracias, Pep

Pocas veces en la historia del FC Barcelona el pálpito en un partido disputado en el Camp Nou –contra el Espanyol, además– tuvo tan poco que ver con el desarrollo del juego. Y es que el de anoche fue el encuentro de la despedida de Pep Guardiola de una afición que lo ha querido hasta la idolatría porque ha protagonizado una etapa del Barça
de una brillantez que ahora mismo es imposible imaginar que se pueda igualar. Más allá de la impresionante lista de títulos (13 de 18 posibles, a los que se puede añadir aún la Copa del Rey) que ha obtenido el club en estos cuatro años y de un sistema de juego que ha cautivado al planeta, deja un estilo y un savoir faire que lo han convertido en un referente incluso para muchas personas indiferentes al fútbol y sus pasiones. Dedicación, rigor y confianza en las propias posibilidades han sido tres características del entrenador que deberían ser de uso corriente en la vida en general.
En clave estrictamente culé, su legado personal incluye una aportación decisiva a la autoestima de una afición históricamente muy inclinada al victimismo y a la crítica feroz a técnicos y directivas a poco que los resultados no acompañasen. Que eso perdure sería quizá la mejor forma de mantener viva su memoria. Tras 119 partidos en el banquillo del Camp Nou, el técnico más laureado de la historia del Barça dijo anoche adiós a la gent blaugrana con emoción contenida, elegancia y sobriedad. Solo cabe decir: gracias, Pep.