EDITORIAL
Coalición andaluza
José Antonio Griñán tomó posesión ayer como nuevo presidente de la Junta de Andalucía. Su Gobierno será de coalición, incorpora a tres miembros de Izquierda Unida, y suma 59 de los 109 escaños del Parlamento regional. El PP, que obtuvo 50 diputados y ganó las elecciones, seguirá en la oposición.
El Gobierno andaluz va a asumir un papel contestatario frente a las políticas de recortes del Gobierno central con un perfil mucho más nítido que el vasco, y solo el tiempo dirá si lo hará a la par que el asturiano. Mientras el propio Griñán y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se intercambiaban ayer promesas de diálogo y «lealtad institucional», Javier Arenas, que no asistió al acto oficial, aseguraba que el nuevo Ejecutivo está «diseñado para la confrontación». No le faltan motivos para pensarlo –el PSOE andaluz ya ha dicho que no aplicará la reforma laboral en lo que esté en su mano–, pero la forma en que lo expresa ya da pistas sobre cómo irán las relaciones entre Gobierno y oposición.
Tras las elecciones del 25 de marzo, en las que el PP puso toda la carne en el asador hasta el punto de dar lugar a que Bruselas le tirara de las orejas por su retraso en la elaboración de los Presupuestos del 2012, el Gobierno central ha sido muy beligerante. A pesar de que tanto la deuda como el déficit público andaluces están por debajo de la media, el Ejecutivo de Rajoy no ha dejado de señalar a Andalucía como la oveja negra. Incluso aparecieron informaciones en medios internacionales muy dirigidas a poner en la picota la gestión económica de la región.
Aunque los conservadores obtuvieran 50 escaños, tres más que los socialistas, no tienen mayoría suficiente. El PP debe digerir la realidad de los hechos y aceptar que el PSOE e IU gobiernen según su programa, asumiendo los objetivos globales de la política económica del país, pese a que lo haga por «imperativo legal» en palabras de Diego Valderas, el nuevo vicepresidente. Los andaluces tienen derecho a ser administrados por las opciones que han votado mayoritariamente. Esos partidos se oponían a la política del recorte como monocultivo para superar la crisis. No tiene sentido esperar que caigan del caballo, se conviertan e incumplan sus compromisos, como han hecho otros.