GENTE CORRIENTE

(JULIO CARBÓ)
 

Joan C. Vera, ‘Oli’: «Hay que llevar el humor siempre encima»

‘Telonero’ de Buenafuente. Es el hombre que calienta al público antes de que empiece el ‘show’ de Antena 3.

NÚRIA
NAVARRO 
 
Andreu Buenafuente suele explicar que Oli era un repartidor de pizzas que llegó a entregar una cuatro estaciones y resultó ser tan gracioso que lo contrató. Pero es una de sus bromas. Juan Carlos Vera, el animador de plató que deja al público a punto de caramelo para reír el peor de los chistes (que no es el caso), llegó a la tele de un modo menos harinoso.

–Pues, ¿cómo llegó usted?
–Yo trabajaba en producción de eventos de empresa. Un día, en uno de cerveza San Miguel, les faltó el speaker [animador]. Y dije: ‘Ya lo hago yo’. Con el micro en la mano, me puse a vender la firma con mucho palique. Y acabé haciendo el tour de la marca por las estaciones de esquí. No vea cómo curte eso.
–Es capaz de vender hielo a un esquimal, vaya.
–El trato con la gente es lo que mejor se me da. Luego conocí a Maite Buenafuente, la hermana de Andreu, y empezamos a hacer teatro amateur . Ella me empujó a estudiar interpretación. Hice tres años en la escuela de Nancy Tuñón. ¡Descubrí mi pasión!

–Y aparcó los eventos.
–No, no. Hago de speaker deportivo
–cada año me llaman para la Cursa per Collserola– y sigo trabajando para eventos de empresa y viajes de incentivos. Y mire que no es lo mismo un público que viene predispuesto a reírse que entrar en una sala en la que la gente está harta de cifras y balances.

–Es un desvergonzado.
–Un desvergonzado educado, sin forzar. Creo que hay que llevar el humor siempre encima.

–Bien. Volvamos al programa.
–Un día Maite me dijo que los del programa de Andreu querían hacerme una entrevista. Les llevé el currículo, me dijeron que Berto [Romero] estaba hasta arriba de trabajo y que ocupara la plaza el lunes siguiente.

–A masajear al público.
–Durante unos 15 minutos doy la bienvenida, les explico su papel, subo a la grada, me meto con unos y con otros y consigo que sean la caña.

–Mucha gente para usted solo, ¿no?
–Pues una vez tuve delante a 1.100 personas en el Teatro Lope de Vega de Madrid. Me llamaron del canal Paramount Comedy para que hiciera allí lo mismo que hago en Buenas noches y Buenafuente.

–¿Qué les da?
–Si sales a pasarlo bien, te metes al público en el bolsillo. Verá, hay dos maneras de vivir esta profesión. Una es que no se te caigan los anillos si tienes que ir a presentar una fiesta infantil a un pueblo. La otra es querer escoger. En este caso, o eres Javier Bardem o te mueres de hambre.

–Usted no lleva anillos...
–Estoy orgulloso de hacer lo que hago. Público es público. Si me comiera el tarro no haría bien mi trabajo.

–Hace un trabajo inmenso y las rentas se las lleva otro.
–«Calientas a la dama para que se la cepille otro», me dicen. ¡Pero es que el otro se la cepillaría igual! Lo bueno es que me dejan desarrollar la creatividad. En La Sexta, cuando necesitaban a un cuarto actor, tiraban de mí. Hasta salí en un par de sitcoms que hicieron dentro del programa.

–Buena relación con el jefe, veo.
–Incluso hemos jugado algún que otro partido de básquet. Es un tipo que da súper-buen-rollo.

–Aun así, tendrá unas expectativas.
–Me he presentado a miles de cástings, he salido en alguna serie, como Los hombres de Paco, y he hecho anuncios como uno de Donuts que se emite ahora. Siempre estás con una mano en el móvil para ver si la agencia te ofrece una oportunidad como actor. Pero no me gustaría llegar a un punto en que la gente me conociera demasiado...

–¿Cómo sería su vida si aquel día no coge el micro y se lanza?
–Uf, no sé. Cuando volví de la mili, monté una tienda de motos, luego trabajé vendiendo pisos para una inmobiliaria y fui comercial de una empresa de telecomunicaciones. Hasta los eventos...

–Será la alegría de las cenas...
–No estamos las 24 horas de buen rollo, ¿eh? Te tiene que salir. Cuando en una cena alguien pide que sea gracioso, yo le suelto: «Oye, ¿tú eres mecánico? Pues sal un momento ahora que me falla algo en la moto».

–Rapidez de reflejos, sí señor.
–A menudo, antes de salir ante el público, pienso: ‘Tengo que animar a esta gente, ¿y quién me anima a mí?’ Hace un año murió mi padre, a los dos días volví al plató y estuve bastante fino. La verdad es que sales y al cabo de cinco segundos te olvidas de los dramas personales.