PROYECTOS PENDIENTES EN LA ZONA ALTA DE LA CAPITAL CATALANA

Vista aérea de Mitre. En primer término, el tramo renovado hasta Mandri. Al fondo, el sector pendiente y el túnel de Muntaner. (FERRAN NADEU)
Sant Gervasi implora la reforma urgente de Mitre y Balmes
La Ronda del Mig es una «prioridad», pero el plan no tiene atado el presupuesto
Los vecinos desconfían del ayuntamiento tras 10 años esperando una respuesta
CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA
Los vecinos se acuerdan de una hilera de naranjos. Cruzaban la calle sin necesario cuidado y sentían que aquello era un barrio de verdad. El cemento se comió aceras y árboles, y también se llevó por delante ese concepto de vida de calle. El tramo central de la Ronda del Mig se construyó en 1972. Ahora, 40 años después, todavía queda un pequeño trozo, entre Balmes y Mandri, que permite recordar cómo era la Barcelona del desarrollismo urbano del alcalde Porcioles. Pocas vías mantienen el diseño original como lo hace General Mitre. Balmes es quizás una de ellas, con un serpenteante descenso hasta la plaza de Molina en el que el ciudadano siente que estorba. Ambas calles reclaman a gritos una reforma. La primera, por la carga histórica, podría ver pronto la luz. La segunda, por ahora, tiene poco más que una buena intención.
Resulta inquietante pasear por Mitre desde la Via Augusta hasta Lesseps. Al principio, todo reluce, con esas palmeras alineadas, el asfalto impecable, las líneas brillantes, las aceras anchas. En Mandri se produce un retroceso temporal de alcance. Ni un árbol. Tan solo algún arbusto que asoma por la grieta de un bordillo. Unos coches para arriba, los otros por ese túnel ennegrecido de estrechos carriles. «Llevamos 40 años aguantando esto. El ruido, la contaminación, lo difícil que resulta cruzar al otro lado».
Patricia Fernández es la presidenta de la asociación de vecinos de General Mitre. La hemeroteca demuestra que lleva un mínimo de 10 años luchando. Ya se hablaba entonces de reducir el número de carriles y de la necesidad de ampliar aceras, básicamente lo que se ha hecho en los tramos en los que Urbanismo (ahora rebautizado como Hábitat Urbano) sí que ha trabajado. Carles Esquerra es el gerente del distrito de Sarrià-Sant Gervasi y además es arquitecto. Habla el político y matiza el profesional. Dice que reformar la Ronda del Mig es «una prioridad», pero confiesa que las arcas municipales, por mucho que se hable de las Glòries, las puertas de Collserola o el barrio marítimo, pasan por un momento delicado que invita a «ser prudente». Admite que la calle pide a gritos una mejora, que la falta de coherencia entre los tramos es inquietante y que no hay duda, la ciudad «tiene una deuda pendiente con el barrio».
Al parecer, el proyecto está incluido en el presupuesto de inversiones de la empresa pública BIMSA para este mandato, lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que se vaya a hacer. Falta que el pleno del ayuntamiento apruebe el plan de acción municipal (PAM), donde el proyecto aparece con letras mayúsculas junto a otros diseños urbanísticos de similar urgencia en Barcelona.
Los vecinos, hartos de recibir dosis de cruda realidad, dudan mucho que sus ojos lo vean antes del 2015, cuando Trias deberá renovar la confianza ciudadana. «Le hemos mandado una carta y no nos ha contestado. Si realmente se quisiera hacer, ya se estaría en ello. No nos creemos que sea una prioridad. Ya es hora de que podamos recuperar espacio, tener un aire más puro, más vegetación, tranquilidad». Patricia no puede soportar el silencio administrativo, el suspense agravado, quizás, por la duda política que genera gobernan en franca minoría. El ayuntamiento se moja poco porque sabe que no puede prometer lo que el dinero no puede abastecer todavía. Por eso se limita a asegurar que la voluntad es «muy firme» aunque se deberá mirar «la manera de cuadrarlo con la situación económica».
PRIORIDAD / Si magnífic era la palabra más usada por Jordi Hereu, prioridad puede que sea la más habitual en los discursos de Trias. El problema, sin embargo, es que el uso indiscriminado del concepto produce un efecto contrario: si todo es prioritario, ¿por dónde empezamos y que dejamos para más o menos prioritario? El asunto de Balmes, por ejemplo. Es tan necesario como el de Mitre, pero, por el momento, parece que lo tiene algo más complicado a pesar de que Joan Puigdollers, concejal de Sarrià-Sant Gervasi, aseguraba hace un mes que la reforma entre Mitre y la plaza de Molina es «la primera prioridad del distrito». Nótese que dijo distrito y no ayuntamiento. El matiz es importante, puesto que aunque él así lo desee, Sant Jaume es posible que le diga que se ponga a la cola junto a reformas como Sant Joan entre Diagonal y Gran Via o la prolongación de Diputació hasta Gran Via.
La mejora no es ningún capricho. Los contenedores se comen la mitad de la acera y algunos están colocados frente a la puerta de comercios, el ruido del tráfico es ensordecedor y dos de los seis carriles (sobre todo, el de bajada) los ocupan las camionetas de carga y descarga durante gran parte del día. La intención es hacerlo durante este mandato. «Los primeros recursos económicos de que podamos disponer en el distrito que no estén comprometidos, los dedicaremos a esto», promete Puigdollers. Eso parece sonar a prioridad.