JOHNNY DEPP

De vampiro Barnabas Collins, en ‘Sombras tenebrosas’, la octava vez bajo las órdenes de Tim Barton. (WONDERCON MAGAZINE)
 

El primo de Mortadelo

El actor de los mil disfraces ha vuelto a pasar por el maquillaje intenso para ‘Sombras tenebrosas’, su octava película con Tim Burton

IDOYA
NOAIN
 
Se puede ser más alto que su metro y 78 centímetros; quizá se puede ser más guapo (aunque People lo haya designado dos veces el más sexi del mundo); posiblemente se puede ser mejor actor, al menos según los Oscar, que tres veces ha acariciado sin ganar. Ahora bien, solo Johnny Depp puede ser Johnny Depp, pese a su propensión al disfraz.
Dentro de unos días vuelve a las pantallas en su octava colaboración con Tim Burton. Y parece más que apropiado que ese retorno sea Sombras tenebrosas, adaptación de una serie de finales de los años 60 centrada en Barnabas Collins, vampiro que, tras 200 años de maldición, reaparece en 1972. A Depp y Burton, que dieron su primer paso juntos con Eduardo Manostijeras hace 22 años, no solo les une la pasión compartida por lo oscuro y lo macabro teñido de ternura, humor e imaginación. «Tim es sangre, es familia» , asegura Depp.
Circulan ya también las fotos de Depp convertido en Tonto, el indio de El llanero solitario , una superproducción que varias veces ha estado al borde del abismo. Ahora avanza, con Gore Verbinski, su director en las tres primeras entregas de Piratas del Caribe y en la animada Rango. Y posiblemente en la salida a flote del proyecto tiene mucho que ver que Depp participe, creando a un indio, con aires de su capitán Jack Sparrow, con el que pretende «romper estereotipos» y rendir homenaje a la sangre aborigen que corre por sus venas. Como dijo Terry Gilliam, que lo dirigió mientras se convertía en Hunter Thompson en Miedo y asco en Las Vegas, «la definición de estrella es alguien que puede lograr que una película se haga. Depp puede».
Pocos en Hollywood han alcanzado el nivel de independencia del que, a los 48 años, disfruta un actor que se hizo ídolo adolescente con la serie 21 Jump Street y que, asqueado por sentirse convertido en «un producto», decidió que seguiría sus propios instintos. «Fascinado por el comportamiento humano», y a las órdenes de directores como Waters, Jarmusch, Kusturica, Polanski, Demme, Schnabel, Halstrom, Mann y Rodríguez, empezó a crear un panteón de personajes memorables, almas dañadas tocadas casi siempre por un aura de inocencia y soledad.

Una guitarra y un libro
Quizá porque actuar no era vocación y su primera pasión fue la música (se decidió a abandonar el instituto con una guitarra comprada por su madre y un libro robado como único maestro), Depp fue desarrollando su carrera, además, con un espíritu de rockero, de los de verdad, como su amigo Keith Richards. Y lo mantiene.
Sus películas han recaudado casi 5.800 millones de euros. Le han hecho rico hasta el punto de ser dueño de una isla de 18 hectáreas en las Bahamas –donde puede mantener el espíritu nómada que marcó su infancia desde que vio la luz en Kentucky–, además de tener casas en Los Ángeles, los suburbios de París, cerca de Saint-Tropez y en la campiña británica. Los excesos de drogas y alcohol de su juventud, las autolesiones y los romances sonados con mujeres como Winona Ryder o Kate Moss, han sido relevados por una pasión por el tinto y una vida alejada de la prensa y los paparazis ( «sanguijuelas» ) junto a Vanessa Paradis y dos hijos, Lily Rose y John Christopher Jack. «No había vivido antes», dijo cuando nació su hija. «Existía, pero no había vivido. Es lo único real que me ha pasado». Ahí no hay disfraz.

Niño bueno en ‘Gilbert Grape’.
 
Travestí en ‘Antes que anochezca’.
 
Gánster en ‘Enemigos públicos’.
 
Bizarro en ‘Alicia en el país...’.
 
Convertido en el escritor Hunter S. Thompson en ‘Los diarios del ron’.
 
Tierno ‘Eduardo Manostijeras’.
 
Sparrow, en ‘Piratas del Caribe’.
 
Monigote en ‘La novia cadáver’.
 
Diabólico en ‘Sweeney Todd’.