ANÁLISIS

España, pendiente de François Hollande

CARLOS
ELORDI
 
 
Es tan honda la angustia que produce, en España y en Europa, el empeoramiento de la situación económica sin que nada alumbre la esperanza de mejora, que la hipotética, que no segura, victoria de François Hollande en las elecciones presidenciales francesas ha concitado toda suerte de ilusiones. Sobre todo porque es el único cambio importante que se atisba en el horizonte. Pero seguramente muchas de esas visiones no tienen fundamento. Y otras, más realistas, tardarán tiempo en generar concreciones. Particularmente, las que podrían afectar a nuestro país.
Hollande no comparte la orientación de la política económica europea que ha impuesto Angela Merkel, con el apoyo, hasta ayer mismo, de Nicolas Sarkozy. Dice que la austeridad a ultranza no va a traer el crecimiento y ha amenazado con acciones concretas por parte de Francia para modificar ese rumbo. Esa actitud responde a los sentimientos de buena parte del electorado galo, incluido el de ultraderecha, que, además de rechazar las negativas consecuencias que los recortes tienen en sus vidas, soportan muy mal que Francia tenga que seguir los dictados de Alemania. El componente nacionalista es determinante en su posición. Hollande no ha elaborado una alternativa articulada a la actual política europea. Sus posiciones de han establecido pensado, sobre todo, en Francia.
En cualquier caso, la perspectiva de que el Hollande presidente termine, o empiece, chocando con Angela Merkel, le han convertido en el exponente de las muchas instancias políticas y sociales que en toda Europa han convertido a la cancillera alemana en responsable de los males que padecemos. En ese sentido, la victoria de Hollande constituiría un respaldo a las posiciones actuales de los socialistas españoles, y también de IU, además de que desmentiría la idea de que la izquierda ya no puede ganar en Europa.
A la inversa, esa victoria no sería una buena noticia para Mariano Rajoy. Por lo dicho, porque podría reforzar la contestación a su política en España y también cuestionar su alocada carrera de recortes. Si ganara Sarkozy, ocurriría buena parte de lo contrario.
En todo caso, unas u otras serían solo las secuelas políticas del resultado de la elección de este domingo. Lo que puede ocurrir más adelante es aún una incógnita. Nadie cree que la Francia de Hollande vaya a romper con la Alemania de Merkel y más bien se piensa que ambos tendrán que llegar a un acuerdo. Pero cada vez hay menos dudas de que Europa, gane o no Hollande, pero más si este gana, terminará aprobando medidas destinadas a incentivar la economía: con la aquiescencia y el apoyo financiero de Berlín.
¿Sería eso un alivio para Rajoy, que le compensaría de una mala noticia francesa? En el mejor de los supuestos –si, por ejemplo, cambiara radicalmente la política del BCE, lo cual no es poco suponer– obtendría un cierto margen de maniobra. Pero ninguna nueva política europea va a librar al Gobierno español de tener que arreglar sus cuentas y de lidiar con el problemón de la banca.
 

PERIODISTA