EL ENÉSIMO HOMENAJE A UN ICONO INMORTAL
El momento Marilyn
El Festival de Cannes se une al recuerdo del mito de Hollywood dedicándole el cartel oficial de su 65ª edición

NANDO
SALVÀ
«Solo soy una niña pequeña en un mundo grande que trata de encontrar alguien a quien amar», escribió Marilyn Monroe en su diario personal. Todo cuanto quería la actriz más famosa de todos los tiempos era un poco de cariño y, por eso, mucho debió de dolerle la indiferencia a la que en vida la sometió el Festival de Cannes. Marilyn, en efecto, nunca paseó por La Croissette. Este año, paradójicamente, el paseo donde transcurre el certamen cinematográfico más importante del mundo estará empapelado con su imagen. Sus responsables, en un necesario acto de reparación, la han escogido para protagonizar el cartel oficial de la edición de su 65° aniversario, que se inaugura el próximo día 16. El templo del glamur finalmente acoge a su más perfecta encarnación.
«Esta imagen tomada por sorpresa desvela un momento de intimidad que reúne mitología y realidad: Marilyn celebrando un cumpleaños que podría ser el de Cannes», han explicado los organizadores del festival. «Como una promesa, nos hechiza con un gesto, un soplido, casi un beso». La fotografía fue tomada en el aeropuerto de Idewild, en Nueva York, el 2 de junio de 1956, un día después de que la diva cumpliera 30 años. Contemplándola es difícil no acordarse de la sensual y jadeante versión del Happy birthday que le dedicó a JFK el 19 de mayo de 1962, solo 10 semanas antes de ser víctima, a los 36 años, de una misteriosa muerte de la que el próximo 5 de agosto se cumplen cinco décadas.
FUENTE DE INGRESOS / Al responsable de la instantánea se le conoce hoy como The Picture Man. Nacido en 1903 en Leipzig, Otto L. Bettmann huyó del nazismo en 1935 con todas sus pertenencias, esencialmente unas 2.000 fotos, y se mudó a Nueva York. Su llegada a la ciudad coincidió con el florecimiento del fotoperiodismo. «Todos deseaban imágenes, y yo tenía dos baúles llenos», recordaría después. Creó una industria basada en la recopilación, la clasificación y el suministro de imágenes. Hoy propiedad de Bill Gates, el Archivo Bettmann cuenta con 17 millones de fotos, la mayor colección del mundo. En pocas palabras, parió una mastodóntica industria que, sin duda, ha tenido en Marilyn a una de sus mayores fuentes de ingresos.
Después de todo nadie, jamás, ha adorado ni ha sido adorado por la cámara tan intensamente como ella desde que en 1944, cuando todavía era Norma Jeane, una joven trabajadora en una fábrica de municiones, fuera descubierta por el fotógrafo David Conover. En realidad, la foto impresa fue su verdadero hábitat, la mejor forma de configuración de su leyenda. Tanto es así que, al verla en sus películas, obligada a moverse e interactuar con unos tristes mortales, Marilyn se hace humana, más terrenal. En cambio, contemplándonos desde la imagen congelada se convirtió en mito.
EL PÚBLICO, SU DUEÑO / «Siempre supe que pertenecía al público», aseguró ella. «No porque tuviera talento o belleza, sino porque nunca le había pertenecido a nadie más». Convertida en Marilyn gracias al maquillaje, el vestuario y la actitud, Norma Jeane podía olvidarse de una niñez pasada en orfanatos y embriagarse con la adoración de sus fans. Su deseo fue que las amas de casa que luchan por llegar a fin de mes, los tipos en los bares, las masas ignorantes y manipuladas, toda esa gente sintieran que ver una imagen suya compensaba todas sus miserias. Nunca antes su presencia en la cultura popular fue tan poderosa como hoy, 50 años después de su muerte.
Y la pregunta es, ¿por qué? No tenía una nariz perfecta como Liz Taylor, ni unos labios superlativos como Brigitte Bardot, ni los magníficos ojos almendrados de Sophia Loren. Y es cierto que hay algunos papeles buenos en su carrera, en particular Bus Stop (1956) y Con faldas y a lo loco (1959), pero fue una actriz de talento limitado. Una posible respuesta es que Marilyn resultó ser estímulo perfecto del despertar sexual que la sociedad americana vivió en los 50. Cuando los soldados volvieron del frente convertidos en hombres, tras experimentar en Europa el sexo y la muerte, Marilyn era una pin up , una lujuriosa imagen en calendarios y revistas y, desde 1946, también en la gran pantalla.
AMASIJO DE CONTRADICCIONES / Los hombres se enamoraron de esa lánguida caída de párpados y ese amasijo de contradicciones, la voluptuosidad unida a la vulnerabilidad, la inocencia a la experiencia –limaba medio centímetro uno de los tacones de cada par de zapatos para acentuar el penduleo de su cadera--, lo angelical a lo lujurioso.
Pero existe una explicación más sencilla: la cámara adora a Monroe porque, a pesar de ser una máquina, odia la artificialidad. Y Marilyn es todo instinto, pura animalidad sexual. Preguntada por el fotógrafo de moda Laszlo Willinger por su química con la cámara, contestó que para ella ser retratada era «como ser penetrada por mil tipos pero sin miedo a quedar embarazada». En películas como Cómo casarse con un millonario (1953) o La tentación vive arriba (1955), no solo aparece increíblemente atractiva, sino que irradia el aura de quien acaba de mantener relaciones sexuales, de ser poseída por el mundo entero. Mucho antes de que internet saturara de sexo los hogares de todo Occidente, Monroe aportó al gran público lo más parecido a una experiencia audiovisual pornográfica.
Ella misma era esclava de su naturaleza. «Todos somos criaturas sexuales natas, pero es una lástima que tantas personas desprecien y anulen este don», afirmó. «El arte, el arte verdadero, proviene de él». Pero este don tenía también una dimensión más oscura. Más de lo que lo acabaron siendo los barbitúricos y el Dom Perignon, sus poderosos instintos sexuales fueron su adicción primordial. Norman Mailer, su biógrafo, aseguraba que Marilyn tuvo por lo menos 12 abortos, todos antes de cumplir los 29.
MUERTE TRÁGICA Y TEMPRANA / Por último, ¿sería su imagen tan imborrable si hubiera sentado la cabeza y tenido una familia, si hubiera envejecido y muerto anciana? No, parte de su poder de fascinación estriba en que permaneció para siempre juvenil, para siempre vulnerable, para siempre una fascinante catástrofe humana. La muerte temprana y trágica fue para Marilyn el trampolín definitivo a una leyenda inacabable e irrepetible, destinada a ser moldeada una y otra vez según nuestras esperanzas y desilusiones.