MIRADOR

Grecia puede salvar a España

XAVIER
BRU DE SALA
 
Ala hora de escribir este artículo no sé el resultado de la final de la Copa del Rey. El lector sí lo sabe hoy, tanto si lee el artículo como si no. De modo que la prudencia aconseja guardar el pronóstico, en caso de tener uno, no sea que hiciéramos el ridículo sin la menor necesidad.
En cambio, hay otras actividades en las que los pronosticadores se atreven a dibujar el futuro con total impunidad y se amparan en su merecido prestigio para pintar un futuro que no tienen manera de conocer. Un chamán es un chamán cuando actúa de chamán, por mucho que se llame Krugman y que en otros momentos de su existencia haya sido capaz de pensar con claridad.
No con ánimo de emular al chamán del corralito europeo, sino de trasladar al lector un escenario diferente, alternativo, contrapuesto, contrastado con economistas cuerdos y sensatos capitanes de la economía –y seguro que mucho más probable–, nos arriesgaremos a lanzar la siguiente predicción, no sin antes avisar de que la culpa de tener que escribir en semejante dirección no es del firmante, sino del chamán.
Según todos los análisis, de las próximas elecciones griegas saldrá una mayoría parlamentaria a favor de no pagar ni la mitad de la deuda que no les han condonado. Ante esta perspectiva, que tiene todos los visos de convertirse en realidad, pueden pasar dos cosas. Una, que Grecia abandone el euro. Dos, que pese a que pueda ser invitada a irse, Grecia se quede en el euro, los acreedores se le envainen y renegocien los acuerdos aceptando las condiciones draconianas de los incumplidores griegos. Y aquí paz y después gloria. La predicción es que, llegado el caso, si llega, este escenario o una variante que se aproxime desenmascare a Krugman.
La predicción se basa en una comparativa de las consecuencias en ambos casos para la eurozona y el conjunto de la economía globalizada. Si Krugman tiene razón y los europeos ya han asesinado al euro, la catástrofe en cadena proseguirá con el corralito español, antes que se hunda el castillo entero. En cambio, si Europa y, en primer lugar, la Alemania de Merkel asumen las pérdidas
–y es evidente que tienen margen para ello–, la consecuencia inmediata, el mensaje a los mercados y al mundo, será que el euro no se desintegra. Por parte española, y a pesar de la flagrante e irresponsable ineptitud del Gobierno de Rajoy, nos beneficiaremos de este mensaje y muy probablemente de medidas de apoyo in extremis, que se alargarán hasta que la confianza vuelva a la economía.
A favor de Krugman, vaya por delante, cabe reseñar que si se equivoca de medio a medio, no caerá en el descrédito, a pesar de haberlo merecido. En cambio, si aquí acertamos, no obtendremos el menor reconocimiento. Tampoco lo merecemos ni lo pretendemos, claro.