ANÁLISIS

Más confianza y más Europa

JOSEP
OLIVER ALONSO
 
 
Ayer fue un día de infarto. Tras presiones continuadas desde todos los principales centros económicos del planeta, España, el señor Rajoy capituló y presentó su demanda de ayuda. A la luz de lo acaecido, permítanme algunas precisiones e intentar responder un par de preguntas.
Primero. No se trata de un plan de salvamento de la «banca» española, como interesadamente destacan los anglosajones. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha destacado que nuestros problemas se encuentran en una parte menor del sistema financiero, que representa cerca del 30% del total.
Segundo. Su importe es contenido. Los 100.000 millones de euros habría que compararlos con el salvamento de la banca irlandesa, que equivaldría, dado el tamaño de España, a una ayuda de entre los 350.000 y los 400.000 millones de euros.
Tercero. Además, ese importe debe cubrir necesidades efectivas y dejar un amplio margen de recursos sin utilizar, como una garantía de que sea cual sea el futuro, estos estarán disponibles.
Respecto de las cuestiones a plantear, dos son las relevantes: ¿por qué Rajoy se ha resistido tanto?, y ¿por qué ha recibido tantas presiones? Se ha resistido porque implica un paso más en la pérdida de control de la gestión de la crisis. El Gobierno está convencido, y razón no le falta, de que los dos decretos de Guindos (de febrero, con unos 50.000 millones de dotaciones y mayo, con otros 30.000 millones), junto al que se espera para las próximas semanas, van en la buena dirección. Y tiene razón, parcialmente, porque imaginen el monto del rescate si esos decretos no se hubieran puesto en marcha. Pero al mismo tiempo, Rajoy, Guindos y Montoro han tenido errores de bulto: Bankia y el presupuesto, en especial. De hecho, la Comisión Europea ha tenido que conceder una prórroga para el déficit, aunque a cambio de aumentos del IVA, edad de jubilación y sabe Dios qué más. Y esos errores han pesado en los mercados, y ayudan a entender que, aun tratándose de una cifra contenida, esos recursos no se hayan podido obtener en el mercado.
Además, la presión que ha sufrido el Gobierno estas dos últimas semanas ha sido muy severa. Desde Alemania, Angela Merkel ha insistido en que era el Gobierno español el que debía demandar la ayuda, sumándose a las peticiones de Jean Claude Juncker y del BCE. Desde fuera de la Unión, tanto Barack Obama como China, han venido urgiendo la solución al problema español. Y ello porque el crecimiento mundial se está ralentizando y, en especial, porque Grecia podría darnos un susto final el próximo 17 de junio. Por ello era preciso erigir un cortafuegos para España, que evitara el posible contagio griego y su extensión a la banca italiana y francesa, que quizá tenga tantos, o más, problemas que la española.
La rendición de Rajoy y el acuerdo alcanzado son más que satisfactorios. Al erigir este muro de resistencia, la Unión Europea ayuda a generar la confianza que España precisa tan desesperadamente; al mismo tiempo, señala con hechos la voluntad de nuestros socios de continuar unidos en la solución de la crisis. Más confianza y más Europa. No está mal para ese día de infarto.