CRÓNICA

Perales, el martes en el Palau. (JULIO CARBÓ)
 

Natural, bueno y sin burbujas

José Luis Perales llenó de público cómplice el Palau

LUIS TROQUEL
BARCELONA
 
La misma marca de refrescos que ha fichado a Russian Red y Maldita Nerea para una campaña publicitaria con el lema Hay que ser muy bueno para ser natural igual debería también proponérselo a José Luis Perales. Amén del apellido frutal, el pasado martes volvió a demostrar que a natural no le gana nadie con un repertorio más que bueno. Y que es una figura escénica sin burbujas. Ni media. Algo que tiene sus adeptos, como demuestra el espléndido momento que actualmente vive.
El Perales de siempre llena hoy como nunca. O al menos, como no lo hacía en las dos últimas décadas. Las entradas se agotaron tan pronto que volverá de nuevo al Palau de la Música el próximo 26 de septiembre.
Bueno, el Perales de siempre en lo que a él respecta, pero, siguiendo la línea emprendida hace unos años, apostó por una instrumentación más orgánica e intimista con una banda de siete músicos dirigida por el excepcional pianista cubano Iván Melón Lewis. Y había otra novedad recién salida del horno. Tras seis años sin disco nuevo (y que había llegado tras otros seis de sequía), ha publicado Calle Soledad . Y muy transitada, a juzgar por el éxito de su acogida.

NO TAN TRISTE /Alternó seis de esas piezas nuevas con sus monumentales clásicos y picoteó en la obra que escribiera para otros artistas con Le llamaban loca (Mocedades) y Porque te vas (Jeanette). El público rió cómplice cuando, en Hoy me acordé de ti, en lugar de «los niños correteando por mi casa» dijo «los nietos». Ironizó también sobre su fama de triste, negándola y culpando de la melancolía que desprenden sus canciones a su costumbre de componer en otoño. Y bordó la mejor de su última cosecha, titulada por cierto El invierno.