EL EPÍLOGO
Lazarillo de Tormes

JUANCHO
DUMALL
Se ha comparado mucho estos días la actitud de Mariano Rajoy ante el préstamo/rescate de los bancos españoles con la del hidalgo castellano venido a menos, tipo que ilustró las mejores páginas de la novela picaresca de los siglos XVI y XVII y del Quijote . Se trata de una sugestiva equiparación intrahistórica que sugiere que el presidente del Gobierno ha puesto la honra, ese viejo valor hispano por el que se han cometido tantos disparates, por encima de la razón.
En el tratado tercero de El Lazarillo de Tormes se relata cómo el hidalgo arruinado que no tiene ni para un chusco de pan se las apaña para salir a la calle cubierto con una capa que tapa sus ropas remendadas, la espada siempre reluciente y con una paja «escarbando los dientes que nada entre sí tenían». El hidalgo arruinado puede soportar los rigores del hambre, pero nunca podrá someterse a la vergüenza de que lo vean como un menesteroso.
Nuestro Gobierno ha decidido que es más importante esconder los aprietos ante nuestros vecinos, no nos vayan a confundir con los griegos o los portugueses, aunque de puertas adentro vivamos en una casa donde «todo eran paredes, sin ver en ella ni silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa».
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro , volvió a decir ayer en el Congreso que España «no necesita el rescate» y añadió que la oposición hace daño al país al mentar tal palabra. Nadie desea que España tenga que ser, al final, rescatada. Pero, igual que el disimulo no alivia el hambre y de que con la honra no se come, es evidente que la presión de los mercados de estos días ha puesto al país al borde de una situación en la que no podrá pagar los elevados intereses de la deuda.
La sombra de Lutero
La gran novela picaresca, con sus lazarillos, sus clérigos y sus hidalgos, fue una sublime plasmación de la crisis que vivió la España de Carlos I , precisamente por enfrascarse en guerras imposibles de financiar contra los protestantes alemanes seguidores de Lutero .