ESTRENO EN EEUU

Jeff Daniels (con americana y corbata), rodeado por el equipo de la serie. (ARCHIVO)
 

El periodismo no tiene ‘ala oeste’

La nueva serie de Aaron Sorkin, ‘The newsroom’, es vapuleada por la crítica

IDOYA NOAIN
NUEVA YORK
 
Cuando menos, Aaron Sorkin puede presumir de no dejar indiferente. El domingo HBO estrenó en EEUU The newsroom , la última creación, centrada en el mundo del periodismo, del autor de El ala oeste de la Casa Blanca (en la pequeña pantalla) y La red social (en la grande). Una vez más, Sorkin ha vuelto a dividir opiniones, aunque suenan esta vez más claramente quienes le cuestionan como un autor sobredimensionado que los que le consideran imprescindible y padre de obras maestras.
Para quien haya visto clásicos como Network o Al filo de la noticia, e incluso Sports night (otra de las series de Sorkin), el punto de partida de The newsroom es más apetecible que original: después de saltarse en un acto universitario el guion que durante años le ha convertido en un presentador de informativos acusado de blando, y tras osar cuestionar la grandeza de EEUU, Will McAvoy (el actor Jeff Daniels) da un nuevo giro a su telediario y, con la ayuda del jefe (Sam Waterston) y una nueva productora ejecutiva con la que tuvo un romance (Emily Mortimer), empieza el regreso a un periodismo más consciente de su trascendental valor democrático, y menos preocupado por las audiencias.
«Mi objetivo no va más allá de entretener al espectador durante una hora –explicaba la semana pasada el guionista, en una entrevista en la radio pública–. Esto no es un artículo de opinión, no intento cambiar cómo piensas».
Sorkin ha decidido que las tramas giren alrededor de noticias reales. Y el grueso del primer episodio, por ejemplo, ocurre en el día en que estalló la plataforma de BP en el Golfo de México (2010). Y el guionista, que confiesa «disfrutar del sonido del lenguaje y, en especial, del diálogo», explicaba que el beneficio de trabajar así, a posteriori, le permite «hacer a los personajes más inteligentes de lo que la gente real era en ese momento, o más estúpidos».
Justamente estos dos elementos, los intensos diálogos característicos de Sorkin y su reescritura por conveniencias narrativas dramáticas de cómo actuarían periodistas o productores reales, han centrado parte de las críticas duras, que han sido abundantes, incluyendo las de los rotativos The New York Times, The Washington Post y Time . Pero ninguna ha sido más demoledora que la de la revista The New Yorker . «Trata al espectador como si fuera extremadamente estúpido», se lee en la crítica, donde se dice también que «el aire de desafiante superioridad intelectual de la serie muy pocas veces tiene apoyo en el contenido».