LA RUEDA
Europa en el pensamiento

FRANCESC
ESCRIBANO
Pensar, lo que se dice pensar, creo solo lo hacemos cuando tenemos problemas de verdad. Lo digo porque tengo el convencimiento de que muchas de las grandes decisiones de nuestra vida las tomamos no tanto fruto de un intenso proceso de reflexión previa, sino más por la inercia de un discurso dominante que nos dice que las cosas siempre se han hecho así y que tenemos que hacer lo que hace todo el mundo. Solo reflexionamos de verdad cuando el discurso dominante se agrieta porque nuestras expectativas fallan y las cosas no salen exactamente como esperábamos. Así pues, cuando más pensamos en el matrimonio es cuando fracasamos con la pareja, cuando valoramos más la salud es cuando tenemos una enfermedad, y cuando de verdad reflexionamos sobre el hecho de ser europeos es justamente ahora que parece que todo se tambalea. Por eso hablamos tanto de Europa, porque eso de ser europeos lo dábamos por supuesto y ahora, cuando algunos dicen que esto se hunde, es cuando pensamos de verdad.
En este sentido, ahora que todos tenemos a Europa en la cabeza recuerdo un artículo publicado hace unos meses sobre América Latina por Moisés Naim, un articulista fino y brillante que fue ministro en Venezuela en la década de los 90. Explicaba que había coincidido en un hotel de Bruselas con las delegaciones de algunos países europeos que participaban en una de las frecuentes cumbres que se han celebrado para intentar encontrar una solución a la crisis y que le habían sorprendido las grandes similitudes con las reuniones en las que él había participado como ministro contra las recurrentes crisis que sufría la economía latinoamericana. Los americanos de entonces y los europeos de ahora, según Naim, se parecen en dos cosas: en la gran capacidad de definir el amplio paquete de medidas y acciones necesarias para solucionar la crisis, y también, al mismo tiempo, en la total incapacidad para ponerse de acuerdo y decidirse a aplicarlas. No sé si la cumbre de ayer habrá sido un punto de inflexión. Ojalá. Pero, por experiencia, ya no se qué pensar.