A PIE DE CALLE

Unos hombres juegan al ajedrez, el viernes, en la plaza de Catalunya. (FERRAN NADEU)
La capacidad de humanizar

CATALINA
GAYÀ
Escribía Olga Merino en su artículo de ayer que en ese decálogo para salir del pozo «hay que recuperar las parcelas de poder que hemos cedido». Esta crónica recorre tres espacios en los que el ciudadano ha recuperado y humanizado la calle. La primera parada es en la plaza de Catalunya. Cada tarde, a partir de las 18.00 horas, se reúne ahí un grupo de hombres para jugar al ajedrez. El viernes no eran muy receptivos a explicar de dónde les venía el gusto por la estrategia o cómo había nacido ese club de ajedrez al aire libre. Renunciaba a tirarles de la lengua porque entendía que en el ajedrez el silencio es parte del gozo. Había hombres, solo hombres, de todas las nacionalidades y un público masculino juzgando cada movimiento. «Es el gran jurado», decía Daniel mientras movía un peón. Se jugaban tres partidas a la vez. Un filipino desafiaba a otro filipino. Un catalán, a un marroquí. Daniel , croata, retaba a Musta , español.
Seguramente sabrían poco de las vidas de unos y otros, y no importaba. Era un gozo ver que un simple escalón, el de los alcorques, servía para pasar la tarde. «Venimos desde hace 10 años. Es un vicio gratis», decía Daniel , el único que sonreía amable. Otro de los puntos del decálogo para salir del pozo.
Un soplo de aire fresco
La segunda parada es en la calle de Canvis Nous. en Ciutat Vella. Ahí, en una medianera que podría haber sido un basurero, hay una galería hecha por la ciudadanía. Se trata de una microcirugía en el espacio público que hace que los transeúntes se detengan. Lo mejor es que quien mira la pared sonríe porque una cincuentena de personas ahí retratadas le sonríen. Es un código QR el que me lleva a un link explicativo. De nuevo me encuentro con el fotógrafo Joan Tomás , esta vez señor Lorenzo , detrás de una intervención divertida, reflexiva y que es un soplo de aire fresco. La intervención nace de una propuesta de la madrileña galeria La Magdalena y es un verdadero regalo urbano.
Señor Lorenzo encajonó a unas 50 personas que participaban en el Festival Eme 3 y los retrató. Solo les pidió que se expresaran y, claro, sonrieron. Luego, colgaron el resultado en esa pared barcelonesa y la calle se convirtió en un espacio de sonrisas interactivas y contagiosas y caras alegres y esperanzadas.
Al tercer espacio llego porque escucho martillazos. Este fin de semana, Barcelona ha sido una fragua gracias al Festival Internacional de Forja Viva. Maestros forjadores venidos de Italia, Alemania, Israel, la República Checa... han exhibido fuerza y humanidad en la avenida de Drassanes. Los observo y con cada golpe entiendo que ellos trabajan con el tiempo real, en la vida real, con un esfuerzo real. Incluyo este lugar en esta crónica en la que se habla de recuperar espacios porque en sus movimientos hay valentía y esfuerzo por ejercer un oficio ancestral, y tanta fuerza física y mental que consiguen enanizar cualquier crisis.