TRADICIONES. SANT CRISTÒFOL

Edición del 2007 del colorido desfile de coches ante la capilla de la calle de Regomir. (ARCHIVO / AGUSTÍ CARBONELL)
El santo de los coches
La centenaria bendición de vehículos de Sant Cristòfol, patrón de los conductores, se celebra hoy ante la capilla de la calle de Regomir, situada en el barrio Gòtic
Cientos de coches pasarán hoy frente la capilla de Sant Cristófol de la calle de Regomir, en Ciutat Vella, para ser bendecidos como se viene repitiendo desde hace 105 años. La tradición, que se remonta al medievo, es una de las más antiguas de las que sobreviven en Barcelona aunque hoy tenga como protagonistas a los vehículos de motor.
La fiesta tiene como escenario la capilla erigida el siglo XV en el interior de una torre romana junto a la Puerta del Mar, puesta al descubierto recientemente con las instalaciones arqueológicas del Regomir, que dejan ver un lienzo de muralla y unas insólitas termas.
El santo gigantón que ayudó a franquear turbulentas aguas al niño Jesús protegía de calamidades, epidemias y otros males, a la ciudad y a los viajeros que salían de Barcelona cruzando la capilla del Regomir.
Antaño, el 10 de julio y coincidiendo con las fiestas del Regomir, los barceloneses tomaban el primer baño de la temporada, lo que garantizaba que no morirían ahogados ese año. El libro La capella de Sant Cristòfor i el barri del Regomir, de Josep
Capdevila, explica que la relación de Sant Cristòfol con el coche puede venir de Italia. «La madre del rey Humberto, muy devota, llevaba en su coche una reproducción de Tiziano que representaba al santo, para que la protegiera», cuenta Capdevila.
Los italianos la imitaron y el santo se transformó en el patrón de los conductores. Los primeros automóviles llegaron a Barcelona a finales del siglo XIX, y en 1907 nombraron a Sant Cristòfol su patrón como ya había pasado en Francia.
El 10 de julio de 1907 se bendijeron 10 automóviles, en el primero de ellos viajaban los artistas Santiago Rusiñol, Ramon Casas y Miquel Utrillo. Fue el primer acto de este tipo en España y uno de los primeros del mundo. Durante la fiesta y hasta los años 70, la calle del Regomir se cubría con un verde techo de matacavall , que filtraba la luz. Los conductores recibían y siguen recibiendo, junto a la aspersión que les garantiza la protección, una medalla, una rama de espliego y una rosa de ropa.
Muchos aficionados al motor exponen sus piezas de museo en la plaza de Sant Jaume para desfilar a media mañana por la capilla y después dirigirse en caravana hasta la Vila Olímpica.
Esta festividad ha sobrevivido gracias al esfuerzo voluntario de vecinos como Daniel Català y Lourdes Sala, que año tras año asumen la organización de la fiesta de esta calle que un día fue el centro de las actividades de los cerrajeros.

La bendición, a mediados del siglo XX. (ARCHIVO)