EL TURNO
El sotobosque cultural

JAUME
BADIA
En una intervención pública de balance del primer año al frente del distrito de Ciutat Vella, la concejala Mercè Homs hizo una larga referencia al tejido cultural del barrio del Raval, utilizando la feliz imagen del «sotobosque». Hablaba de la miríada de iniciativas individuales o asociativas que constituyen el terreno abonado en el que grandes equipamientos (del Marítimo al CCCB, pasando por el Liceo, la Filmoteca, el Macba, el FAD) hunden sus raíces para proyectar la cultura de Barcelona en el mundo. Entidades, talleres, galerías, grupos independientes, jóvenes creadores, que viven y dan vida al barrio con mayor densidad cultural de Barcelona. El sotobosque vive y crece a la sombra de grandes árboles y estos necesitan un terreno rico, que el nutra. Esto es lo que le proporcionan los arbustos, matorrales, musgos, hierbas y flores que hay más a ras de suelo.
Pues bien: el sotobosque cultural de Catalunya está en peligro. No solo el del Raval, sino el de todo el país. Un leve golpe de tijera es una herida profunda, una patada aparentemente inofensiva daña la existencia diversa y frágil de este ecosistema, que hace tiempo que lucha por sobrevivir. Quienes solo miren los grandes árboles pueden pensar que no les pasa nada... de momento. También los podarán, los obligarán a aliviar el ramaje y rendir más. Sobre todo para el turismo. Hasta que un día se darán cuenta de que la falta sostenida de riego y de atención ha vuelto el sotobosque una tierra yerma. Luego sufrirán los abetos, cedros y grandes árboles frutales de la cultura. Si la base muere, solo será cuestión de tiempo que los grandes equipamientos dejen de ser admirados o considerados por su frondosidad y sus frutos. La desaparición de las obras sociales de las cajas y la reducción de las aportaciones públicas pueden acabar convirtiendo el entramado cultural de nuestro país en un paraje estéril. La creatividad no sale de debajo de las piedras; sale del sotobosque.