OPINIÓN

(JULIO CARBÓ)
Por un envejecimiento digno
La situación actual abre nuevos desafíos para estimular a las personas mayores para que formen parte eficaz de la sociedad

ÀNGELS
GUITERAS
En Catalunya hay alrededor de 1.250.000 personas de más de 65 años y se calcula que en el año 2040 esta cifra se habrá duplicado. Este hecho plantea retos sociales, sanitarios y la necesaria reordenación general de la sociedad para hacer frente a todas las implicaciones que este hecho producirá en un futuro próximo. Hay que ser conscientes de que la esperanza de vida se incrementa día a día y que las necesidades cambian. En un futuro, no demasiado lejano, las pensiones se cobrarán durante más años, y serán muchas más las personas que las tendrán que cobrar. ¿Es sostenible este modelo?
La población europea de más de 60 años irá creciendo a razón de más de dos millones de personas por año. Y entre el 2015 y el 2035 la generación del baby boom llegará a la edad de la jubilación. Nos encontramos, pues, con una población con mucha más esperanza de vida que hace unos años, en algunos casos más dependiente, pero también con más calidad de vida y con una actitud mucho más activa.
Este nuevo perfil de personas grandes no quieren ser sujetos pasivos, sino que reivindican su derecho a participar en la sociedad en la medida de sus posibilidades. Se reivindica también el respeto al derecho a la autonomía de la persona, respetar sus deseos, como piensa, como vive, su manera de ser y sus decisiones, el respecto a la voluntad de la persona; también a las personas que no quieren participar. Unos derechos que hay que defender.
Solidaridad
El Año Europeo 2012 está dedicado al envejecimiento activo y la solidaridad intergeneracional. El envejecimiento activo es el proceso en el cual las personas grandes pueden desarrollar todo su potencial (físico, psíquico y social) a lo largo de su ciclo vital, y participar en la comunidad de acuerdo con sus necesidades, deseos y competencias. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como un «proceso donde se optimizan las oportunidades con el objetivo de mejorar la calidad de vida del sujeto». Hace falta, pues, promover políticas de envejecimiento activo y apostar por la prevención y la promoción de la autonomía de las personas grandes para otorgar valor a la acción y la participación de la gente mayor a la sociedad. A la vez hay que cambiar todos los prejuicios sobre la vejez, puesto que a menudo se asocia con pasividad, dependencia y discriminación.
La elevada tasa de pobreza y la carencia de ingresos también afecta a las personas grandes de nuestro país. Según los últimos datos publicados por el Instituto de Estadística de Catalunya, el riesgo de pobreza de las personas mayores de 65 años se sitúa en el 21,4%. Hace falta pues, en este sentido, potenciar y priorizar las medidas necesarias para reducir las situaciones de exclusión social.
Según varias entidades del Tercer Sector Social catalán, en muchos casos, las personas grandes están agotando sus ahorros o aportando parte de sus pensiones para apoyar a hijos y nietos en situación económica precaria, lo que, sumado al continuo incremento de tasas, coste de la vida de los servicios domésticos básicos, el previsible aumento del IVA, una posible congelación o reducción de las pensiones... hará que el apoyo familiar ya no pueda continuar cubriendo a los suyos, con todas las consecuencias económicas y de tensión social que esto producirá.
Si hablamos a nivel estatal, un total de 422.600 familias viven gracias a la pensión de las personas mayores. Es un dato que muestra la intensidad de la crisis y el deterioro social que está causando en el bienestar de los ciudadanos. Son datos de la última memoria del Consejo Económico y Social (CES) referida al 2011 y publicada hace unas semanas. Las dificultades de determinados grupos de gente mayor irá creciendo como el propio colectivo, cada vez más numeroso por el envejecimiento de la población.
Según los últimos datos facilitados a finales de marzo por la Conselleria de Benestar Social i Família, más de la mitad de las personas que han solicitado acogerse a la Ley de la Promoción de la Autonomía personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, desde el 2007 hasta día de hoy, son mayores de 65 años. Sería el momento, pues, de potenciar los servicios y recursos que tenemos y de crear nuevos servicios de prevención y de cambio de modelos de atención. Unos nuevos modelos donde las personas mayores tendrían que formar parte activa de este cambio.
Los problemas
Es el momento también de potenciar los servicios y actividades de promoción de la autonomía personal, que capaciten y empoderin las persones dependientes, haciendo un especial énfasis en el gran número de personas mayores que hay en nuestro país. Desde la Mesa del Tercer Sector vemos con preocupación que los desajustes, los retrasos, los problemas de financiación, los conflictos competenciales, y la focalización en la atención a las personas en situación de dependencia en lugar de la promoción de la autonomía, siguen generando desconcierto, debate social y desazón entre los afectados. A la vez, estamos muy atentos del anuncio, de hace unas semanas, sobre una nueva ley catalana de la autonomía en Catalunya.
La situación actual abre nuevos desafíos de tipo social, cultural, relacional, económico y político para garantizar la autonomía de las personas, un envejecimiento más activo y la importancia de estimular a las personas mayores a formar parte de un voluntariado productivo y eficiente al servicio de nuestra sociedad. A la vez, hay que conseguir la solidaridad entre generaciones que confirme una sociedad para todas las edades y que tenga una especial atención hacia los más vulnerables.
Un reto que contará con el trabajo y complicidad de las más de 7.500 entidades sociales del país para aportar su vocación y su profesionalidad para lograr un objetivo muy simple: el bienestar de las personas y un envejecimiento digno.