EDITORIAL

Códice bajo control

La recuperación del Códice Calixtino tiene que servir para algo más que para hacerse una fotografía victoriosa como sucedió el pasado domingo con el jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy. La rocambolesca historia del electricista de la catedral de Santiago de Compostela que presuntamente sustrajo la joya literaria del siglo XII, así como otras valiosas piezas de arte sagrado y más de dos millones de euros del cepillo y la caja fuerte da para una suculenta investigación. Pero pone el dedo en la llaga: el robo y el expolio de bienes bajo la custodia de la Iglesia católica. Tras la desaparición del códice, hace un año, la Fiscalía Superior de Galicia ya elaboró un proyecto para hacer el inventario de este patrimonio y luego ofrecer mecanismos para su seguridad. Nada se ha hecho.
Para muestra de la necesidad de este control está el descubrimiento de piezas en el domicilio del electricista cuyo robo nunca fue denunciado. Dado que la mayoría del patrimonio artístico gallego es de carácter religioso, las medidas son imprescindibles. El hallazgo vuelve a plantear, a la vez, el derecho popular a ver las obras que custodia la Iglesia. En este sentido, estos días se han sumado voluntades, entre otras de los defensores del patrimonio, para reclamar que este sea para todos, contra la opinión del dean que pretende encerrarlo bajo tres llaves lejos de la mirada pública. Pero lo primero será averiguar cómo y por qué se esfumó.