LA ‘GENT GRAN’, BASTÓN DE LAS FAMILIAS

MAYORES AL DÍA. Un grupo de pensionistas recibe clases de informática en Barcelona. (MIQUEL MONFORT)
El pacto roto: la tercera edad vuelve a sostener a la sociedad
La crisis obliga a los ancianos a ayudar a sus menores económica y asistencialmente, tras muchos años de trabajo y haber ayudado a construir el Estado del bienestar. Las entidades sociales prevén que los ancianos agoten sus ahorros en un año
El dato lo dio la Creu Roja semanas atrás: uno de cada tres ancianos se ve obligado, a causa de la crisis, a ayudar económicamente a sus hijos. Era algo que se intuía, y que se prevé como un fenómeno creciente. Los últimos años han dejado a muchas familias en una situación precaria. Una pensión de jubilación de 600 euros era una cosa en 1996 muy distinta a lo que es hoy: lo que entonces parecía una cantidad ajustada para una persona mayor puede ser ahora el ingreso que sustenta a una familia de cinco miembros. Pero no es dinero lo único que se ofrece. También comida, atención a nietos y a enfermos.
«A lo que ha pasado se le llama ruptura del pacto intergeneracional», resume Oriol Alsina, director gerente de Amics de la Gent Gran, que recuerda el itinerario de quienes hoy son mayores de 65 años: «Es una generación que comenzó muy pronto a trabajar y que ha trabajado muchos años». La ruptura del pacto, explica, consiste en que no se cumple la expectativa que se habían creado estas personas tras una etapa laboral larga e intensa: «Después de ayudar a la familia toda la vida, tocaba descansar y ser ayudado».
MUCHO TRABAJO / Pilar Rodríguez, directora del área sociosanitaria de la entidad ABD, tiene una visión similar: «La de los mayores es una generación que trabajó mucho para remontar un país y que ahora está rescatando con su apoyo parte de las políticas sociales que en parte se lograron con su esfuerzo». Rodríguez no solo habla de dinero: dice que se cifra en siete de cada diez a los abuelos y abuelas que se encargan de sus nietos, sea para recogerlos del colegio, llevarlos al parque y al médico. Y que los asumen en periodos de vacaciones escolares, porque entre los padres que tienen trabajo, muchos no pueden pagar actividades extraescolares ni casals ni esplais .
CONVIVENCIA Y RUPTURA /Rodríguez ve algún elemento positivo en esta nueva situación: aunque haya sido a la fuerza, la colaboración familiar del pasado regresa, y se verán de nuevo hogares extensos, en los que no solo conviven padres e hijos. Algo que para muchas familias era común décadas atrás. No es un argumento que convenza a Mario Cugat, presidente de la Federació d’Associacions de Gent Gran de Catalunya, quien opina que la convivencia forzada acabará en ruptura estruendosa: «Esta tensión romperá familias». Cugat se muestra preocupado por la situación actual: «Las personas mayores con un ahorro mediano o pequeño lo están agotando para ofrecer apoyo a sus hijos y nietos, que ya no llegan a final de mes. Hay casos de hijos que se ven obligados a volver a vivir con sus padres. Ni ellos ni los hijos se sienten en su casa», afirma.
Cugat es todavía más pesimista al hablar del futuro inmediato: «A medida que se vaya agotando el ahorro, en un año, y también bajen las pensiones, el apoyo familiar habrá desaparecido y la situación será insostenible. Habrá auténticos problemas. Tensión en la calle, como no se ha visto todavía desde que empezó la crisis». La verdad es que todavía prevé una situación peor: «Cuando mueran los padres, algunos hijos quedarán en la indigencia».
El presidente de la Fatec advierte de que las personas mayores no solo afrontan la ayuda a los suyos, sino también los copagos farmacéuticos y otros aumentos de precios que todavía debilitan más su economía. «Se nos obliga a un cambio de modelo de vida. Nos habíamos planteado una jubilación, con más o menos pensión, pero sabíamos que iríamos cobrando», dice.
MÁS PREPARADOS, MÁS POBRES / Alsina advierte de que la tercera edad evoluciona como lo ha hecho la sociedad, y que los ancianos de ahora no son los de hace 10 años ni los del futuro. Como ejemplo, el director de Amics de la Gent Gran subraya que el aumento de la formación contribuye a que cada año los ancianos sean gente más preparada, y por lógica, con más facilidad para ofrecer ayuda a los demás. A ello, afirma, contribuyó la incorporación progresiva de la mujer al mundo laboral, aunque advierte de que esta tuvo el efecto negativo de que gran parte de la función asistencial recayó entonces en los abuelos, por eliminación, que a menudo son los que han hecho posible que los dos miembros de una pareja trabajasen.
Alsina prevé una población de entre 65 y 80 años más formada, pero con más precariedad. Juzga más que probable que en el futuro haya cada vez más ancianos sin pensión, fruto de la crisis actual. Alsina observa lo relevante que es como símbolo que la tercera edad sufra: «La señal principal de éxito de una sociedad es vivir más». Y se diría que mejor.