EDITORIAL
Examen en Bruselas
La semana que acaba de comenzar está repleta de citas relacionadas con la situación económica del país y con pruebas que debe superar para obtener los apoyos necesarios de la Unión Europea. Con la bolsa acumulando pérdidas y la cotización de la deuda pública instalada en precios asfixiantes, el Gobierno vuelve a pasar el examen de Bruselas, un tribunal ante el que en adelante opositará cada trimestre.
Entre ayer y hoy el Eurogrupo y el Ecofin han trasladado a Luis de Guindos las condiciones para aplazar los objetivos de déficit publico, así como las que deberá cumplir la banca para obtener los fondos del rescate. Mariano Rajoy explicará al país mañana cómo se desarrolló la Cumbre Europea del mes pasado, de la que ya han informado todos sus protagonistas, a la vez que debería precisar las medidas de ajuste a las que hizo referencia en la escuela de verano de la FAES. Las autonomías conocerán el jueves los ajustes que les traslada el Gobierno. Y, finalmente, del Consejo de Ministros del viernes se espera la respuesta oficial de Madrid desde el BOE a las imposiciones de la Unión Europea, tanto en lo que se refiere a medidas concretas de nuevos recortes como a la anunciada reorganización de las administraciones locales.
En paralelo a la desesperante cronificación del problema de la deuda, el Gobierno del PP mantiene su peculiar estrategia de jugar al gato y al ratón con Bruselas. Mientras el titular de Exteriores, José Manuel García Margallo, reclamaba ayer con estilo hooligan la intervención del BCE en la compra de deuda y a Holanda y Finlandia que cumplan con sus compromisos, Cristóbal Montoro anunciaba que España acatará y subirá el IVA. Aunque claro, el titular de Hacienda no reconoce a Bruselas como responsable de la subida, ni siquiera a la herencia recibida, sino a los defraudadores. Hay que admitir, en cualquier caso, que esa extravagante forma de negociar y la persistente degradación de la economía da algunos resultados. El Ecofin no solo prolongará hasta el 2014 el objetivo de déficit, sino que para este año lo sube al 6,3%, cinco décimas por encima de aquella petición maximalista de Rajoy cuando para sorpresa de toda Europa apeló a la soberanía nacional para justificar su rebeldía.