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Dueñas de las tierras que trabajan

Intermón Oxfam se alía con una cooperativa agrícola de Nicaragua para potenciar el acceso de las mujeres a la propiedad de las parcelas

MONTSE
MARTÍNEZ
 
Aunque sean ellas las que hereden la tierra, se la cederán a los hombres de su núcleo familiar. Sea el marido o el hermano. Así está establecido. En Nicaragua, como en muchos otros países del mundo, las mujeres no tienen derecho a ser propietarias de la tierra que trabajan. Un dato es revelador: en todo el mundo, las féminas son dueñas tan solo del 1% de la tierra cultivable. Es en este punto donde Intermón Oxfam ha hecho una apuesta clara al trabajar codo con codo con la cooperativa agrícola Aldea Global –en el ámbito del comercio justo– para acompañar a las mujeres en el arduo camino de conseguir la titularidad de sus parcelas.
La cooperativa puede concederles créditos con mayor facilidad cuando son propietarias –uno de los criterios más determinantes para obtener préstamos es acreditar la propiedad–, el primer paso para empezar a generar ingresos propios y, en consecuencia, hacerse con un mayor control de la propia vida. Intermón Oxfam se ha asociado con la cooperativa nicaragüense para comercializar en España el café bautizado como Tierra Madre.
Todo el café adquirido para vender en España –en Barcelona es posible encontrarlo en la tienda de Roger de Llúria, entre otros establecimientos– viene de mujeres propietarias, una condición capaz de promover cambios en la titularidad de las parcelas. De cada paquete de café vendido, la cooperativa recibe una pequeña parte conocida como «prima de género», que se reinvierte en los trámites de registro de la tierra.
Desequilibrio histórico
También en Nicaragua existe un importante desequilibrio en el acceso a la tierra. En el sector cafetalero, concretamente, el 63% de la tierra está en manos de los hombres, y el 37%, de las mujeres. Intermón Oxfam ha llevado a cabo un estudio que concluye que las mujeres productoras de café de comercio justo tienen mayores beneficios y mejores condiciones de vida que las que venden su café en el mercado convencional. En concreto, cifran el aumento de ingresos en un 19%.
De la población total de Nicaragua –de 5,9 millones de habitantes–, las mujeres representan el 50,8%. Las altas tasas de desempleo, las graves carencias en la educación y la sanidad y la imposibilidad de acceder a la tierra son los motivos que explican los flujos migratorios del campo a la ciudad. Pero las mujeres que no migran a los principales núcleos urbanos del país asumen, además de la nutrida y dura lista de labores tradicionales, la responsabilidad de los trabajos productivos.
Además de su rol central en el cuidado del hogar y los hijos, participan casi al mismo nivel que el hombre en la producción de alimentos y en momentos como la siembra y la cosecha.
Pero esta contribución de las mujeres a la agricultura está ampliamente subestimada ya que son consideradas trabajadoras familiares sin derecho a ser remuneradas. Trabajan largas jornadas sin cobrar,
Pese a que en Nicaragua se llevó a cabo una reforma agraria que modificó el régimen de propiedad, persiste la legislación discriminatoria en los códigos civiles que condicionan el acceso a la titularidad. En consecuencia, si bien las mujeres tienen la responsabilidad de administrar los recursos, no tienen el control sobre ellos.
 

PROPIETARIA. Victoria García Aldilla, socia de la cooperativa, realiza trabajos de limpieza de su parcela de café en Chiripa (Nicaragua). (PABLO TOSCO / MÉDICOS SIN FRONTERAS)