La oenegé Avismón-Catalunya (
www.avismon.org ), con sede en el distrito barcelonés de Sants-Montjuïc, fue fundada en 1996 por un grupo de personas de diferentes ámbitos profesionales que estaban sensibilizadas por la problemática de los mayores solos. Su territorio de actuación es Barcelona.
–¿En qué se basa la principal ayuda que brinda Avismón? –Desde que empezamos ofrecemos acompañamiento a las personas mayores por parte de nuestro voluntariado, tanto de una manera fija semanalmente como de forma esporádica cuando lo necesitan, ya sea para ir al médico o hacer cualquier gestión que precisen. Se trata de intentar paliar su soledad y de echarles una mano.
– ¿Qué es lo que más agradecen? –La compañía, el saber que hay alguien preocupado por ellos, los servicios gratuitos que reciben, como la limpieza de la casa, la podología, fisioterapia, pequeños arreglos, apoyo psicológico... Incluso tenemos unas 50 personas que, dada su precaria situación económica, reciben mensualmente un lote de alimentos. También agradecen mucho las actividades que realizamos durante todo el año, como para Sant Jordi, la castañada, la comida de Navidad... Se ha de tener en cuenta que estamos hablando de personas a las que si no les organizáramos estas propuestas grupales e intergeneracionales se acabarían aislando e incluso ni saldrían de casa.
–En definitiva, de alguna manera mejoran su calidad de vida. –Por lo que ellos mismos nos explican podemos asegurar que es así. Todos los servicios y las actividades que ponemos a su disposición hacen que tengan más alicientes.
–¿Cuál es el perfil más habitual de un usuario de la entidad que dirige? –La mayoría son mujeres, viudas o solteras que cobran unas pensiones mínimas o no contributivas o el SOVI [Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez]. De las 300 personas que asistimos solo unos 30 son hombres.
–La fotografía de sus voluntarios también es la de una mujer. –Sí. La mayoría son mujeres de más de 50 años, aunque también tenemos hombres y personas más jóvenes. No obstante hemos de entender que el perfil de personas jubiladas son las que se fidelizan más como voluntarios, ya que su vida está más estructurada y no tienen tantos cambios como los jóvenes por trabajo, familia, estudios, etcétera.
–¿Cómo detectan a las personas mayores que viven solas? –Generalmente son casos que vienen derivados por los servicios sociales del ayuntamiento o por los ambulatorios de los barrios, aunque a veces son ellos mismos o algún familiar los que se dirigen a nosotros de manera directa porque nos han visto o han oído hablar de nosotros en algún medio de comunicación.
–¿De qué manera están notando principalmente la crisis los abuelos? – Los mayores a los que asistimos ya hace mucho tiempo que están en crisis por el tipo de pensión que tienen, pero ahora estamos detectando un incremento de personas a los que antes sus hijos les podían ayudar y ahora resulta que ya no pueden porque han perdido el trabajo y se encuentran con muchas dificultades para poder tirar adelante.
–O incluso están volviendo a casa de sus padres... –Efectivamente, aunque no es el caso de las personas que atendemos nosotros, ya que la mayoría de ellos son usuarios con mucha soledad y una notable precariedad y, por tanto, poca ayuda pueden dar. Pero sí que nos consta que hay familias que se ven obligadas a vivir con la pensión de los abuelos.
–Avismón también sufre la crisis... –Como la mayoría de entidades del Tercer Sector, ya que a la par las administraciones no tienen suficientes recursos para hacer frente a las subvenciones que necesitamos para sacar adelante nuestros proyectos. Deberían pensar que fundaciones como Avismón ayudamos a que los mayores puedan seguir viviendo en su casa, que es lo que generalmente todos quieren, y así retardamos el ingreso en una residencia o en un centro de día, algo más costoso para la Administración. Por eso es muy necesaria la ayuda que podamos recibir, tanto económica como en forma de más voluntarios.
– La solidaridad, en cambio, ha aumentado entre los ciudadanos. O al menos es lo que siempre destacan las entidades sociales. – Es la suerte que tenemos, la colaboración de las personas y de las empresas. Piense que con una cuota de 10 euros al mes se puede ser padrino o amigo de nuestra fundación y ayudar a estas personas. Son pequeñas colaboraciones que resultan muy importantes, y más ahora, cuando también estamos sufriendo la desaparición de algunas cajas, lo que hace que todavía no se sepa qué pasará con algunas obras sociales que eran de gran ayuda para nosotros.
–¿Qué le pediría a la Administración? ¿Qué es lo más urgente? –Se ha de tener claro que los mayores son personas que nos han dado y enseñado lo que son y que ahora, cuando llegan al final de su tiempo, se merecen vivir con la máxima dignidad. Si lo que quieren es estar en casa se ha de facilitar los medios y los recursos para que así sea, siempre, además, resultará más económico que el coste de una residencia.