IDEAS

Mercados culturales

XAVIER
BRU DE SALA
 
Ha sido celebrado con veintiuna salvas mediáticas el sorpasso de las exportaciones catalanas al exterior a todo lo que nos compran desde las otras 16 autonomías. El de la economía catalanes ya no es un mercado cautivo y protegido. Ya no hay que temer boicots ni que la recesión española se convierta en profunda y larga depresión. La crisis y el temor a una reedición aumentada del malestar político han propiciado que muchas empresas espabilen y abran nuevos mercados. De manera significativa, las exportaciones catalanas hacia las economías emergentes, que partían de muy abajo, se multiplican a gran velocidad.
Eso vale para la suma de bienes y servicios. Mira por dónde, tanto que situamos a la cultura al frente de los sectores con más valor añadido, y con razón, pero no podemos decir lo mismo del sector cultural, que no exportaría con las proporciones de los otros ni si se multiplicara por ciento el buen trabajo del Institut Ramon Llull. Las producciones culturales catalanas sí disponen de un mercado exterior privilegiado, llamado España y por extensión Hispanoamérica. En cultura, el efecto de la crisis es inverso al movimiento económico general. Cada vez menos asistidos por los presupuestos públicos, nuestros productos culturales tienen que vivir del público, del mercado. Y sin el mercado hispánico, o con una bajada significativa de los niveles actuales de consumo de productos made in Catalonia , la mayor parte del tejido cultural catalán se hundiría sin rescate ni remisión.
Ni decimos, ni quizás nunca podremos decir, y ay si nunca lo pudiéramos decir, que exportamos más productos y servicios culturales al resto del mundo que a España. Ni con una hipotética independencia. Al menos, seamos conscientes de ello. Actuemos con realismo, consecuentes con la interdependencia cultural, uno de los grandes tesoros de la Catalunya contemporánea. No solo vivimos de ella sino que, ante todo, nos enorgullece.