GENTE CORRIENTE

(MARC VILA)
 

Núria Martinez: «Llegas a un pueblo y a veces no tienes ni dónde cambiarte»

Artista. De múltiples facetas: es actriz de teatro, payasa, y ahora, en verano, más que nada cantante de orquesta.

MAURICIO
BERNAL 
 
–Pero usted estudió teatro.
–Sí.

–¿Y qué hace cantando en una orquesta?
–Bueno. Yo es que lo pruebo todo.

–Ya, pero…
–¿Le cuento…?

–Por favor.

Núria Martínez, 41 años de edad, nacida en Barcelona, criada en Premià de Mar. «Martinez sin acento, que lo he catalanizado». Núria Martinez, que con 15 años descubrió el teatro, no que le gustaba, que le fascinaba, que era lo suyo, así que al cabo de unos años lo estaba estudiando para ser profesional. Núria Martinez, que desde entonces lo ha hecho todo, o casi todo, y que por eso repite con frecuencia, como un mantra: «Yo es que lo pruebo todo». Núria Martinez. Sin acento. Actriz de teatro. Vecina de Vilafranca. Payasa. Emprendedora. Cantante de la orquesta Solimar.

–Éramos tres. Xavi, que era mi pareja de entonces, Joan Anton y yo. Ellos dos eran amigos de la infancia, de toda la vida, y un día simplemente nos juntamos y dijimos que debíamos hacer algo. ¿Y qué hicimos? Pues una compañía de payasos. Tres per res.

–Payasos.
–Yo lo pruebo todo.

–Cierto. ¿Y qué tiene que ver esto con ser la cantante de una orquesta de fiestas de pueblo?
–No vamos solo a fiestas de pueblo.

–Lo sé. Era por simplificar. ¿Qué tiene que ver?
–Tiene que ver porque Joan Anton, que es músico, ya tenía en ese entonces la orquesta Solimar, y justo se quedó sin cantante. Y resulta que en algunos de los números de payasos yo cantaba, con lo cual en algún momento Joan me soltó: «Probemos».

–Y como usted lo prueba todo…
–Exacto. Y cantar no se me da mal, esa es la verdad. Otra cosa es el tipo de música: pasodobles, boleros, todo eso me lo sabía de memoria, pero las canciones del verano, los éxitos del verano, eso se me daba fatal. No me sabía ni uno. De hecho, tuve que hacer un curso intensivo con mi sobrina. ‘Enséñame canciones’, le pedí. ‘Va, enséñame alguna coreografía’.

–¿Cómo le ha ido?
–Bien. Pero no soy una cantante al uso. No me pongo ni vestidos largos ni grandes escotes ni minifaldas. Y maquillaje, el justo. Me gusta ir cómoda, guapa pero cómoda. Y todo esto es así porque yo más que en el vestido o en el maquillaje creo en el hecho energético que se produce en el escenario. Es eso lo que le estás entregando a las personas, al público.

–Llegó el verano. Supongo que se les multiplicará el trabajo.
–Sin duda. Hay actividad todo el año, o casi todo, pero la actividad más frenética es en verano. Noviembre, marzo y abril son los meses criminales, los meses en que no hay trabajo.

–¿Es cansado?
–¿Ahora? Pues es duro, sí. Los horarios en verano implican empezar a tocar tarde, a veces a medianoche, y volver a casa con la luz del día. Montas el escenario cuando tienes energía, pero cuando tienes que desmontarlo estás cansado y no es igual. Y luego hay que coger carretera, y el que conduce, si está cansado, se para a dormir… Pues sí. Acabas agotado.

–¿Pero es divertido? O…
–Es divertido. A mí me gusta. Y me da para comer, no lo olvidemos. Básicamente me gusta hacer todo lo que tenga un componente artístico. Por eso pruebo tantas cosas. Lo que pasa es que es ingrato cuando no te tratan del todo bien, por ejemplo cuando llegas a un pueblo y no te dan ni un sitio para cambiarte, ni siquiera un baño por si te dan ganas de ir en medio del concierto. Ocurre bastante.

–Le da para comer, me dijo. ¿Vive solo de esto? No, ¿no?
–Vivo de esto, de Tres per res y de dar clases en la escuela de teatro de La Casona, en Sants, que fue donde yo misma estudié. Clases de expresión corporal: es lo que más me gusta.

–Hemos hablado de la orquesta, y un poco de la compañía de payasos, pero poco de teatro. Y tengo entendido que ha hecho muchas cosas…
–Muchas, sí. La mayoría de teatro de calle, eso es cierto, así que tengo pendiente la asignatura de hacer teatro de escenario, que fue en lo que pensé cuando decidí que iba a hacer esto. Pero todo a su tiempo. Ya llegará.

–¿Cómo fue eso? ¿La decisión?
–Fue en el instituto. Íbamos a hacer un recital poético y yo ensayaba cada día. Todos los días. Y llegó el día de subir al escenario, y subí, y me dio allí tal subidón emocional…