DOS LEYENDAS DE LA CANCIÓN NORTEAMERICANA

El cantautor norteamericano Woody Guhtrie, fotografiado en 1944. (AP)
El centenario de Guthrie
Hoy se cumplen 100 años del nacimiento del cantautor que dio voz a los desamparados
Ha costado lo suyo, pero poco a poco la figura de Woody Guthrie va adquiriendo la dimensión histórica que merece un personaje de su talla en la cultura estadounidense. La crisis actual invita a menudo a trazar paralelismos con la de los años 30 en Estados Unidos y, quizá por ello, resuena también con fuerza el eco de un cancionero, el de este cantautor de Oklahoma, que observó el declive de su país, estuvo en el lado de los desfavorecidos y expuso sus quejas con desafiante lucidez. Durante todo este año se ha conmemorado con diferentes actos el centenario del nacimiento de Woody Guthrie, una fecha que se cumple justamente hoy.
Contaba el joven Woody en su autobiografía, Bound for glory (instigada por el musicólogo Alan Lomax y editada en 1943), que mientras su madre le enseñaba canciones, su padre le enseñaba a pelear. Él fundió ambas asignaturas en una, sintetizada en el eslogan «esta máquina mata fascistas» que decoró su guitarra. Es una de las incontables frases que le han sobrevivido durante décadas. Guthrie es también el autor de This land is your land, considerado el himno oficioso de Estados Unidos: el que no solo habla de sus grandezas sino también de sus miserias, el que representa también a los excluidos.
ESTA TIERRA ES TU TIERRA / El 18 de enero del 2009, cuando Obama celebró su proclamación como 44º presidente de Estados Unidos, invitó a Pete Seeger y Bruce Springsteen a cantar This land is your land. Seeger instó al Boss a interpretar la versión íntegra. Durante años, dos estrofas de Guthrie han sido despistadas intencionadamente pero ese día, junto al monumento a Lincoln, también sonó esta: «Un gran muro quiso detenerme / Una señal pintada decía ‘Propiedad privada’ / Pero por el lado de atrás no ponía nada / Ese lado se hizo para ti y para mí». Si esto no era ya una invitación a refundar el capitalismo, que baje Marx y lo vea.
A diferencia de tantos cantautores protesta, él no fue un intelectual. Su padre se dedicó a la compra-venta de tierras. Cuando le fue bien, vivieron en una casa de seis habitaciones. Cuando le fue mal su familia fue a la ruina. Así que, con 15 años, Guthrie ya había trabajado de mozo de recados, vendedor de periódicos, limpiabotas... También había aprendido a tocar la armónica en una barbería, a tocar la guitarra con su tío y a improvisar letras sobre melodías ajenas.
En los años 30 y 40, recorrió el país en busca de algún trabajo. Primero, hacia Tejas, siguiendo la fiebre del petróleo; después hacia California, huyendo de la sequía y las tormentas de polvo. Vio crecer y agonizar ciudades enteras, levantadas por trabajadores que eran despedidos cuando no eran útiles. Y la historia de los yacimientos petrolíferos se repetía con los jornaleros de la costa oeste. Así fue cultivando una visión más cooperativa del capitalismo (comunismo le llamaban algunos) que expuso en esas letras que improvisaba en calles y bares a cambio de unas monedas que recogía con la gorra.
Guthrie no sería ese artista sensible que un día abre la puerta y ve a un joven que le suplica algo de comida. Él era ese joven que llamaba a la puerta pidiendo comida. Y acabó firmando versos tan actuales como: «Vagando por este mundo / He visto mucha gente extraña / Unos te robarán con un revólver / Y otros con una pluma estilográfica».
VOCACIÓN DE ANONIMATO / Cuando en 1940 publicó sus primeras grabaciones, la colección Dust bowl ballads, las introdujo con el siguiente texto: «Este puñado de canciones no habla de mí (...) Habla de mis amigos y parientes, de trillones de ellos, que fueron azotados por la sequía, el polvo, el viento, el banquero, el terrateniente y la policía; por todos a la vez». En el mismo texto, y en un gesto de inmensa modestia, se despedía así: «Cantadlas tan alto y tanto tiempo como queráis, pero no mencionéis mi nombre».
Esta última voluntad nunca se llegaría a cumplir. Guthrie, que falleció en Nueva York en 1967, pudo ser el último cantautor anónimo, pero ha acabado siendo la primera deidad folk. «Deja que me recuerden como el hombre que te contó algo que ya sabías», decía. En cualquier caso, es todo un hito que hoy celebremos el centenario del nacimiento de un hombre más cerca de los vagabundos que cantan en las calles que con esas estrellas pop que nos entretienen en televisión.