El número uno es... Froome

S. L- E.
PEYRAGUDES
 
¿Qué habría sido de Bradley Wiggins de no correr Chris Froome en su equipo? Posiblemente hoy no llevaría el jersey amarillo, prenda que, sin ninguna duda, estaría en las espaldas de su delfín , más hábil, espabilado y fuerte en la montaña. Una fidelidad tan y tan exagerada difícilmente se había visto en el Tour. Sorprendió la semana pasada Froome cuando declaró al diario L’Équipe que renunciaba a ganar el Tour por deber hacia su equipo. Quién sabe si este británico nacido en Kenia, donde sus padres eran diplomáticos, nunca más se podrá subir al tren de su vida.
Cada vez que Froome ha acelerado en la montaña ha tenido que levantar el pie, mirar atrás y observar la mirada de Wiggins pidiendo auxilio, rogándole que fuera un poco más lento. Sucedió en La Toussuire, en la única llegada en alto de los Alpes, y se repitió ayer en Peyragudes, en la única meta en altitud prevista en los Pirineos. Le sonrió la suerte de que ayer Nibali no tuviera las piernas a tono, a pesar del enorme trabajo del conjunto Liquigas.
Froome, 27 años, es el mejor escalador del Tour y el gran descubrimiento después de haber demostrado el año pasado, en la Vuelta, que podría haber ganado la carrera si en su equipo hubiesen apostado por él y no por Wiggins.
Zubeldia, abandonado
En el Sky, al menos, hay una táctica clara y única, una regla habitual en el ciclismo: ayudar al líder aunque por ello se tenga que sacrificar al supuesto mejor hombre. Otras escuadras, en cambio, demuestran la peor cara, la falta de compañerismo, el egoísmo y el todo vale para ganar la clasificación por equipos. Haimar Zubeldia, en un mal día, llegó a la meta más triste que cabreado después de que fuera abandonado a su suerte por el RadioShack. Fue impactante ver cómo Andreas Klöden lo dejaba tirado en el Peyresourde. Ni lo miró pese a ser entonces el quinto de la general. El vasco perdió dos posiciones.