ANÁLISIS

Un campeón de verdad

JAUME
PUJOL-GALCERAN
 
Malditas rodillas. Otra vez la tendinitis que tortura a Rafael Nadal desde hace años le impedirá estar en los Juegos de Londres. A una semana de desfilar con la bandera en el Estadio Olímpico, el número 2 mundial decidió renunciar a su máxima ilusión. Los problemas físicos le impedirán defender la medalla de oro que ganó hace cuatro años en Pekín, esta vez sobre la hierba de Wimbledon. Ya hace tres años, en el 2009, la misma tendinitis le impidió estar en el torneo inglés para defender el título ganado por primera vez sobre la hierba del All England Tennis Club en el 2008.
Nadal ha esperado hasta el último momento para tomar la decisión más dificil de su carrera. Un duro golpe para un campeón que había puesto en los Juegos uno de los grandes objetivos de esta temporada en la que había recuperado su autoestima tras poner fin a la serie de derrotas ante Novak Djokovic y haber completado una temporada de tierra excepcional, cerrada con el séptimo título en Roland Garros. El esfuerzo le ha pasado factura en el peor momento. A Nadal hay que agradecerle su esfuerzo por forzar la máquina hasta el último momento, su grandeza por retirarse para dar la oportunidad a un compañero mejor preparado físicamente y su humildad para encajar la peor decepción para un deportista.
La renuncia de Nadal es un duro golpe para el equipo olímpico, que tenía puestas las máximas esperanzas en él en lucha por las medallas. Sin Nadal, España se queda sin una de sus grandes bazas. Su baja es un duro golpe para todos sus compañeros, que le tenían como referencia. Ahora solo cabe esperar que ese descanso obligado por las malditas rodillas le permita recuperarse para lo que resta de temporada y pueda seguir dando alegrías. Nadal ha demostrado ser un campeón olímpico de verdad. No estará en Londres, pero Río 2016 solo está a cuatro años y la bandera le esperará en Brasil.