LOS MERCADOS

 

Orgullo hundido

PABLO
ALLENDESALAZAR
 
Una anécdota. En la primera mitad de los 90, las tiendas de recuerdos de Bruselas vendían unas camisetas en las que se veían 12 caricaturas sobre los ciudadanos de los países que entonces conformaban la Unión Europea. En la que representaba a los españoles, se veía a un matador altivo que le daba la espalda a un toro. «Orgulloso, como un español», se leía.
Así nos ven fuera, como volvió a quedar claro cuando el Gobierno pidió el rescate europeo para la banca y la prensa extranjera le acusó de postergar la petición en exceso. Orgullo, dice la RAE, es «arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas». Siguiendo a los doctores de la lengua, por tanto, no tendría sentido esa construcción que hace pasar el orgullo por algo positivo: ese estar orgulloso de alguien o algo.
Mejor, porque lo que envuelve al país últimamente es algo muy distinto. Bochorno, al ver como los diputados se volvieron ayer a enredar en un inútil intercambio de golpes dialécticos. Y creciente indignación, como demuestran las protestas.
Los inversores huelen esas cosas y no les gustan. Como también les hace huir que el ministro Montoro insista en que «no hay dinero» en las arcas públicas. Lo prueba el mal resultado de la subasta del Tesoro: demanda lánguida (se agota el efecto de las inyecciones de liquidez del BCE a la banca) e intereses disparados. No es de extrañar que la prima de riesgo se elevase hasta los 580 puntos, máximos de la era euro, y que el Ibex 35 solo repuntase un tímido 0,63%, a los 6.632,6 puntos.