LA RUEDA

El Gobierno contra el pueblo

LLUCIA
RAMIS
 
Ante la fortificación del Congreso de los Diputados, Cayo Lara advierte: «El pueblo al que decimos representar no es el enemigo». La ausencia de Rajoy en el debate, el «que se jodan» de Andrea Fabra y la sonrisita de Montoro cada vez que anuncia recortes, expresan lo que piensa el Gobierno en realidad: la clase media empieza a parecerse demasiado a los ricos y hay que dejar claro quién manda.
Si bien no existía la igualdad social, se había establecido un equilibrio. Ahora no hace falta disimular. El argumento de echarle las culpas a otro es tan patético como falsas fueron las promesas del PP para ganar las elecciones. Esta crisis la han provocado los mismos que supuestamente tienen que sacarnos de ella, y queda claro que no es su intención: por fin se distinguen del vulgo. La mayoría de los votantes les ha dado permiso para actuar según los intereses minoritarios de la élite; al ver que ni así forman parte del club selecto, alguno creerá equivocadamente que debería haber votado a Rubalcaba.
Para el PP, los parados son unos vagos, los funcionarios viven del cuento, a los autónomos les sobra independencia y que se muera quien no pueda pagar la sanidad. La ciencia y la cultura son lujos prescindibles, la educación es peligrosa, los medios de comunicación son propaganda, a los manifestantes los consideran terroristas y cabe criminalizar al disconforme, por eso CiU lleva al Congreso un catálogo de restricciones al derecho de reunión.
Hay que marcar la línea entre ricos y pobres, que nadie pueda reclamar unos privilegios que no merece. Sorprendería la indiferencia del PSOE si no fuera porque ya demostró que tampoco le gusta mezclarse con el populacho, tan miserable.
Los políticos se están cargando el Estado de bienestar intencionadamente. No tenían programa, pero este era el plan. Frente a semejante ataque, quien debe blindarse ante su Gobierno es el pueblo. Se precisa una acción constante y sistemática. Aún no ha pasado nada.