La soprano Kiri Te Kanawa, que el próximo 1 de agosto cantará en Cap Roig.
 

Kiri Te Kanawa: «La belleza no está en el físico sino en la música»

La soprano actuará el 1 de agosto en Cap Roig

CÉSAR LÓPEZ ROSELL
CALELLA DE PALAFRUGELL
 
La carismática Kiri Te Kanawa (Gisborne, Nueva Zelanda, 1944) sigue paseando su suprema elegancia por los escenarios. Lo hace con cuentagotas y solo con propuestas que le hagan sentirse a gusto. Este es el caso de su presencia en el Festival Jardins de Cap Roig, donde el público podrá disfrutar el próximo 1 de agosto de un recital con algunos de los temas que la convirtieron en una de las sopranos de referencia en las últimas décadas del siglo XX. Actuará acompañada por la Simfònica del Vallès dirigida por Julian Reynolds.

–¿Por qué ha aceptado esta gala?
--El hecho de poder cantar en un entorno tan precioso y con un programa que alude al tiempo de verano. En él hay piezas de Mozart y Puccini, de los que he interpretado muchas óperas en mi carrera. Pero también incluye música española, con El amor brujo de Falla.

–Dijo en una anterior visita a Barcelona que ahora solo canta por placer y que había dejado la ópera porque era agotadora...
–Sí, eso es, en parte, cierto como también lo es que en el 2004 estrené Vanessa , de Samuel Barber, que marcaba un antes y un después en mi trayectoria, pero recientemente he disfrutado interpretando a la duquesa de Krakenthorp en La fille du regiment , rol que repetiré en Viena en el 2013. Y en el 2009 actué con El caballero de la rosa en Stuttgart.

–Mozart y Strauss han sido los pilares de su repertorio, pero también ha hecho incursiones en Verdi y Puccini y ha interpretado a Rossini y Händel. Esa alternancia, sin embargo, no ha afectado a su salud vocal...
–Creo que he tenido mucha suerte a lo largo de mi carrera, pero también es cierto que supe asimilar la técnica que aprendí de mis maestros. Ellos me enseñaron a mantener la disciplina y a tener el criterio para no asumir roles que me hubieran perjudicado. Yo no tenía, por ejemplo, el registro para cantar óperas de Wagner y por ello me concentré en los autores que usted cita.
–Hay quien opina que su Condesa de Almaviva de Le nozze di Figaro es insuperable, pero no le van a la zaga las heroínas de Strauss...
–He disfrutado mucho cantando la Condesa, así como otros personajes de las óperas de Mozart, pero tiene razón con lo que usted dice sobre las óperas de Strauss. Entre ellas destaco Arabella y Capriccio , pero especialmente El caballero de la rosa. Parecían estar escritas para mí.

–Belleza y sofisticación han sido armas muy bien empleadas para potenciar su trabajo en escena. ¿Qué peso tiene la estética en una carrera?
–La verdadera belleza no está en el físico sino la música que interpretamos los artistas y en el espíritu que late detrás de ella, pero reconozco, sí, que es importante presentarse lo mejor posible delante del público.

–¿Ha cambiado mucho el mundo de la ópera?
–Creo que usted lo dice por la incidencia que tienen determinados directores de escena en los montajes. Sí, ahora es todo más aparatoso y no siempre es fácil adaptarse. Por mi parte, yo intento concentrarme en profundizar en la idea musical del compositor, que es lo que siempre hay que respetar y honrar.

–Empezó como exitosa cantante de música popular. ¿Qué le incitó a dar el salto a la lírica?
–Lo pasé muy bien interpretando música ligera, pero pronto me di cuenta de que si estudiaba duro podía llegar a hacer carrera en la ópera. Aunque todavía disfruto escuchando otro tipo de música y seguramente el programa que cantaré en Cap Roig puede deparar alguna sorpresa en esta línea.

–Ha trabajado con Georg Solti, Leonard Bernstein o Zubin Mehta, entre otros directores musicales. ¿Hay sustitutos para tan brillante generación?
–Ha citado usted a maestros con los que ha sido un privilegio colaborar porque ellos siempre han estado atentos al equilibrio que debe haber entre la interpretación de una partitura y la tesitura vocal, pero los jóvenes directores de hoy en día, incluidos los españoles, también tienen mucho talento.

–Ha cantado junto a grandes tenores de este país como Josep Carreras o Plácido Domingo. ¿Qué recuerdos tiene de estas actuaciones?
–Ha sido maravilloso compartir el escenario con estos dos artistas por los que siento una gran admiración. Mis grabaciones con ellos en óperas de Mozart y Puccini son un testimonio de la riqueza de las experiencias artísticas con ellos. Con Carreras he cantado recientemente en Londres en una gala para su fundación de lucha contra la leucemia. Esta iniciativa me resulta conmovedora y es un honor para mí poder colaborar con ella.

–Usted también tiene su fundación en Nueva Zelanda...
–Sí, en ella enseñamos a los jóvenes a desarrollar una carrera en el canto. Creo que es importante que mi experiencia pueda proyectarse a las nuevas generaciones. A veces me siento como el flautista de Hamelin con los alumnos detrás de mí. A todos les digo que no tengan prisa, que lo que se aprende despacio se retiene para siempre y que estudiar es algo más que escuchar a otros artistas en el Youtube.

–¿Cómo se supera la presión de cantar un aria de Händel ante 600 millones de personas en la boda de Carlos de Inglaterra y Lady Di?
–Pues, con muchas concentración. Solo así puedes superar el problema de una iglesia con una acústica con muchos ecos. Pero ese día me acordé mucho de mi infancia y de mis padres, que se hubieran sentido muy orgullosos de su hija, pero tristemente ninguno de los dos estaba vivo para verlo.
–¿Hay alguna nueva voz femenina de la lírica que le llame especialmente la atención?
–Es difícil dar nombres, pero creo que la soprano rusa Julia Lezhneva dará mucho de qué hablar en el futuro.

–¿Qué es lo que más preocupa actualmente?
–Pues, muchas cosas, pero entre ellas me preocupa que el arte pueda sobrevivir en estos tiempo de crisis que vivimos. Todos debemos esforzarnos para que eso sea posible.