La pequeña Mehek, sus padres y los agentes de la Guardia Urbana, el jueves pasado. (FERRAN NADEU)
 

Mehek, un bebé muy impaciente

UNA MUJER PARE en un banco de Montjuïc ayudada por una guardia urbana en prácticas

HELENA LÓPEZ
BARCELONA
 
Que en las noches de verano en la ciudad pueden suceder cosas incluso mágicas, no es solo cuestión de palabrería literaria (que también, por suerte). A la pequeña Mehek, por ejemplo, la madrugada del 20 de julio le dio por nacer en un banco del paseo de Montjuïc, frente a la que sería su casa, aunque entonces ella aún no lo sabía. Bajo la luz de la luna y sin dar tiempo a su madre, Musammat Selina, de llegar al hospital. A ningún taxi le dio tampoco por pasar en aquel momento preciso y precioso por aquel poco concurrido punto de la cada vez más diurna Barcelona. La ambulancia llegó, sí, pero tarde, una vez la impaciente Mehek ya había asomado la cabeza y el resto de su menudo cuerpo al mundo. Para redondear la escena, el azar hizo que Adela, una guardia urbana en el turno de noche esa jornada, se convirtiera en su improvisada comadrona, en su primer mes como policía, tras graduarse el recientísimo 28 de junio.
Pese a tratarse de una historia con final feliz –madre e hija están perfectamente y ya en casa–, Ahidulamb, padre de la criatura, que pesó 2,3 kilos al nacer, lo recuerda con lógica angustia. Obviamente, no era su intención tener a la niña en la calle, y ni siquiera en casa. De hecho, Ahidulamb explica que esa misma noche, la del jueves 19 de julio, su mujer se empezó a encontrar mal, con «evidentes» dolores de parto, y fueron al Hospital del Mar, donde le dieron un calmante y la hicieron regresar a casa. Estaba de 38 semanas.
Forzada vuelta a casa
«Nos dijeron que faltaba una semana, que nos fuéramos. Mi mujer decía que no podía, que se encontraba muy mal, pero la doctora no nos dejó quedarnos, así que regresamos a casa. Llegamos y, al cabo de una hora, rompió aguas», relata Ahidulamb, vecino del Poble Sec de origen indio y propietario de una tienda en el barrio «desde hace muchos años».
Musammat no es madre primeriza. Sabía que no podía irse, que Mehek llegaba, que estaba allí, pero no le quedó otra opción, el médico manda. Pero más mandó Mehek, quien el jueves pasado recibió una visita de Adela, su especie de hada madrina de uniforme.
Experiencia impactante
La joven policía, quien justo acaba de cumplir un mes en el cuerpo
–no lo hacía cuando esto ocurrió–, recuerda emocionada la experiencia, que define como «impactante y muy bonita». «Todo fue muy rápido. No recuerdo muy bien cuánto tiempo pasó, aunque la ambulancia tardó muy poco, siete u ocho minutos. Pero la niña no esperó. Vimos a la madre y vimos que ya estaba aquí. No sé cómo, pero lo vimos claro. Se veía», explica con voz dulce la policía en prácticas. «No le tuvimos que decir a la madre que empujara. No hizo falta. La niña ya se abría camino. Mi compañero tuvo que poner las manos para que no se cayera al suelo», añade.
Cuando Ahidulamb vio pasar al coche patrulla, fue casi casi como si hubiera visto a un ángel. Los agentes llegaron y llamaron a la ambulancia y a otra patrulla, que llegó antes que el coche medicalizado. Fueron las manos de uno de estos agentes de la patrulla de apoyo las primeros que sujetaron a la pequeña Mehek.