
De compras. Una mujer compra zapatos en Pyongyang, en enero. (AP / DAVID GUTTENFELDER)
Plataformas y faldas
El nuevo líder, educado en Suiza, ha relajado la ortodoxia y los símbolos de la cultura occidental son cada vez más visibles
Los chicos se engominan y ellas lucen pendientes
La propaganda norcoreana dibujaba a su vecino del sur como un foco de pobreza y hambre, con miles de desempleados durmiendo en la calle. Hoy admite su prosperidad pero habla de una sociedad sin alma que se mueve entre la ruina medioambiental, el crimen generalizado y las desigualdades económicas. El discurso se cambió por inútil: la información que se filtra desde el exterior, aunque en goteo, impide las mentiras más burdas. Los expertos sostienen que ningún esfuerzo propagandístico impedirá en pocos años que los ciudadanos norcoreanos sean plenamente conscientes del país paupérrimo y represivo en que viven.
Desde Corea del Sur llegan DVD’s, vídeos y puertos USB sobre la vida en el resto del mundo. Llegan a través de los hijos de la escasa élite funcionarial con derecho a viajar o del floreciente contrabando en la frontera con China. También de coreanos con pasaporte chino que viven en los pueblos cercanos y tienen negocios o familiares al otro lado. Algunas series televisivas y cantantes surcoreanos son también populares en el vecino del norte y huidos del régimen del régimen han explicado la masiva circulación en el país de la película Titanic .
La legalización de reproductores de DVD ha facilitado la «contaminación» externa. También los baratos aparatos de radio chinos de contrabando que, a diferencia de los legales, sintonizan emisoras surcoreanas.
Los extranjeros que han pisado en los últimos años Pyongyang, la capital norcoreana, hablan de chicos con el pelo engominado y chicas con tacones y vestidos de corte occidental, que compran en los mercados privados cada vez más numerosos. Unas bailarinas llevaban vestidos sin tirantes y faldas inusualmente breves en una gala televisiva reciente.
Aquella gala fue en honor de Kim Jong-un, que aplaudió el giro estético. El dictador ha tenido un contacto con el exterior mucho mayor que sus predecesores. Kim Jong-un, que no alcanza la treintena, estudió en un elitista colegio suizo, ve los partidos de baloncesto de la NBA y admira al guitarrista Eric Clapton. Recientemente levantó la prohibición para las mujeres de llevar zapatos de plataforma, falda o pendientes en público. En los últimos años se han abierto cafeterías, hamburgueserías y pizzerías.
Relajación de la ortodoxia
La relajación de la ortodoxia heredada también ha alcanzado a sus formas políticas. Su biografía no se ha embellecido con las leyendas inverosímiles que acercaban a su padre y abuelo a la categoría de deidades. Kim Jong-un cultiva una imagen más accesible y flexible, como si fuera aconsejado por un relaciones públicas occidental; abraza a niños en guarderías, da la mano a trabajadores en las fábricas, relaja el rigor de la etiqueta y ha presentado en sociedad a una elegante joven como su esposa que ha dulcificado y refrescado los rutinarios actos propagandísticos.
Kim Jong-il ocultó a sus cuatro mujeres oficiales y en sus 17 años en el Gobierno nunca se vio a un civil acercársele.