LA RUEDA

‘Quousque tandem abutere...’

RAMON
FOLCH
 
Así empieza la primera catilinaria: Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? («¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?»). Cicerón , presa de indignación, atacó al conspirador Catilina mediante cuatro discursos demoledores, las célebres catilinarias. Desde entonces, este quousque tandem, este «hasta cuándo», expresa paciencia agotada. En lenguaje coloquial significa estar hasta las narices.
¿Hasta cuándo arderán nuestros bosques, Catilina? No hay conspiración alguna en este caso. Catalina no es nadie en concreto. Hay desidia, somos todos. Proclives a rasgarnos las vestiduras ante los síntomas y hacer caso omiso de las causas, buscamos solo al agente final, ese irresponsable fumador que tira colillas encendidas. Poco estrago causarían sin yesca en el sotobosque. La negligencia pone la cerilla, pero es la desidia quien acumula la leña.
Tenemos bosques carlistas medio abandonados en un trepidante país posindustrial. Eso no casa. Nuestros bosques no son la fracción forestal de un territorio industrial moderno, sino su rural residuo marginal. Aplicamos abundante parafernalia tecnológica, incluso aviones, a apagar fuego preindustrial. Es una gran incoherencia. Los bosques catalanes, antropizados y secundarios desde hace siglos, aportaban el combustible con que funcionaba el país. Es ese combustible acumulado lo que ahora arde con desatada violencia recurrente. Podríamos volver a los bosques primarios, pero se precisaría mucha inversión y un siglo de espera. O reconvertir los secundarios actuales. El ahorro en costos de extinción y las pérdidas evitadas por ausencia de fuego, más los beneficios de la explotación racional de la biomasa y de la atribución de valor económico a los servicios socioambientales del bosque, permitirían abordar el asunto. Eso, o seguir destinando recursos a paliar los efectos de la tragedia sin jamás acabar con ella. Han ardido 14.000 hectáreas, queda mucho verano por delante.