CICLISMO

El pelotón olímpico, ayer, a su paso ante el palacio de Buckimham, antes de que Vinokurov se impusiera en la prueba en ruta. (AP / MATT ROURKE)
Vinokurov se regala una jubilación dorada
El kazajo, de casi 39 años, logra el oro reservado a Cavendish y anuncia la retirada
JOAN CARLES ARMENGOL
LONDRES / ENVIADO ESPECIAL
De la mejor manera posible y con la medalla de oro colgando sobre su pecho. «Ha sido mi última carrera aunque el miércoles disputaré la contrarreloj olímpica para estirar las piernas». Alexandre Vinokurov, que en septiembre cumplirá 39 años, se despidió del ciclismo a lo grande, conquistando un título olímpico en Londres que parecía reservado a Mark Cavendish, con la impagable ayuda de Bradley Wiggins y Chris Froome, que acabó totalmente desfondado. Vinokurov sorprendió al grupo que a su vez había burlado la vigilancia británica, y en el que iban los jefes de fila españoles, Alejandro Valverde y Luis León Sánchez, que se quedaron sin fuerzas al final, y en los últimos 300 metros engañó, como perro viejo, a Rigoberto Urán (plata), 11 años menor que él.
Culminó el ciclista kazajo una carrera con días de vino y rosas. Ganador de pruebas de la importancia de la Vuelta, el Dauphiné, la París-Niza, la Lieja-Bastogne-Lieja, la Amstel Gold Race, plata en Sydney 2000 y tercero del Tour 2003, en el 2007 protagonizó en la ronda francesa uno de los más sonados casos de dopaje; marcado por una transfusión sanguínea. Regresó. Volvió a ganar en Francia y el año pasado, en una caída masiva, también en el Tour, se fracturó el fémur. Volvió al pelotón y hasta ayer, frente al palacio de Bu-ckinham, ante centenares de miles de personas, con calles donde no cabía un alma, parecía que permanecía en un segundo plano competitivo. Pero a falta de 8 kilómetros para la meta, surgió de la clandestinidad del pelotón. Buscó el oro en compañía de Urán para colgarse una medalla que dedicó a sus hijos. «Es una gran recompensa por todo lo que he hecho en el ciclismo. No está nada mal como final para mi carrera. Todos los grandes, como Virenque o Jalabert, se retiraron con un gran triunfo. No quería dejarlo después de una caída», afirmó el corredor kazajo, quien ya antes de este oro era el deportista más admirado y famoso en Kazajistán.
Desde lejos vieron la lucha por el oro Valverde y Luis León Sánchez, a quienes las piernas no les respondieron en la fase final. Fue cuando ya se vio que el imperio británico zozobraba por detrás y que la fuga de Vino y Urán tenía todos los números para jugarse la gloria del oro. No pudieron entrar tampoco en el consuelo de la medalla de bronce, que se llevó el noruego Alexander Kristoff. Luisle finalizó en la 13ª posición y Valverde en la 17ª. «Hemos hecho la carrera que teníamos que hacer, dura, para descartar a los esprínters y lo hemos logrado, aunque al final no pudimos rematar. Vinokurov fue el más inteligente al saltar en un momento en el que no pudimos reaccionar porque íbamos bastante justos y en el esprint final hubo un bandazo y nos descolocamos», reconoció el murciano del Movistar. «Nos desgastamos mucho –añadió su paisano del Rabobank– para eliminar a los velocistas. A falta de 15 kilómetros hablamos Valverde y yo y vimos que íbamos un poco tocados por lo que tratamos de recuperar fuerzas para el esprint final».
Las medallas se esfumaron después de hacer lo más difícil: romper al quinteto británico, que pagó el esfuerzo de trabajar desde el inicio. «Hemos sido víctimas de nuestro propio éxito», reconoció Cavendish. El campeón del mundo sabía que Londres esperaba su triunfo.