EDITORIAL
Gallardón y el aborto
El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, anunció en un medio de comunicación y no en sede parlamentaria, el foro donde los ciudadanos están representados, uno de los puntos de la reforma de la ley de salud sexual y reproductiva del 2010 (la ley del aborto). La decisión de suprimir el supuesto de anomalías fetales, recogido en la legislación del 2010 y también en la anterior (1985), confirma el carácter restrictivo de la legislación del Gobierno del PP, equiparable solo a la de Malta e Irlanda.
En 1985, el Tribunal Constitucional no consideró inconstitucional el supuesto por malformaciones cuando fue requerido sobre la regulación del aborto. Además, el ministro plantea unos cambios que contravienen el consenso de la sociedad española y solo complacen a una minoría, ruidosa sí y apoyada también por la jerarquía de la Iglesia católica, no por todos los católicos. El hecho de que solo el 2,5% de las más 100.000 intervenciones se acojan a este supuesto plantea dudas sobre el objetivo del anuncio. Además, el ministro introduce la legislación en un proceso médico, ya que de la opinión de los facultativos derivarán las decisiones que se tomen sobre el embarazo.
Si Gallardón aspira con toda su reforma a evitar interrupciones del embarazo, se equivoca de camino. Las estadísticas de la OMS, por ejemplo, señalan que la criminalización y la clandestinidad no reducen esta práctica, sino que la vuelven más peligrosa, especialmente entre las mujeres más jóvenes y con menos recursos. Solo la educación sexual y los métodos anticonceptivos logran disminuir los embarazos no deseados. Pero la discusión debería centrarse también en el derecho a decidir de las mujeres. La natalidad hay que fomentarla desde la responsabilidad, incluida la de la Administración que debe decir bien claro hasta dónde apoyará esa natalidad. El hecho de que la reforma se aborde desde el Ministerio de Justicia y no desde el de Sanidad y Mujer ya deja a la vista la pared maestra en la que quiere apoyarse. No se trata solo de contemplar este asunto desde la concepción progresista de la sociedad que busca la libertad del individuo. Un país de mujeres que piensan y deciden es un país más rico, libre y equilibrado. Habrá que reflexionar y centrarse.