INDICADORES ECONÓMICOS BAJO LA LUPA

 

¿Qué hay tras la prima?

La cifra que indica el riesgo de impago de un país, a ojos del mercado, se obtiene a partir de un volumen escaso de venta de deuda anticipada Su creador es la agencia Bloomberg

JOSEP-MARIA URETA
BARCELONA
 
Supongamos que para fijar el precio de la vivienda se partiera de los pisos de segunda mano. O que los concesionarios de vehículos establecieran los precios según lo que se paga por los coches usados. Costaría de entenderlos, porque una cosa es que en ambos casos los mercados son paralelos –los precios se influyen mutuamente- y otra que se invierta el sistema, que primero se establezca el precio del bien usado y luego el del nuevo. Una proposición más: que apenas se vendan pisos o coches de segunda mano, pese a que los nuevos tienen un mercado normalizado. Habría no pocos teóricos de la economía de mercado buscando las anomalías, a sabiendas de que tarde o temprano la ley de oferta y de demanda recuperaría su equilibrio.
Pues no es así en los mercados financieros, empeñados en retorcer las normas hasta envolverlas en un halo de innovación. La mejor prueba es saber cómo funciona uno de los indicadores más renombrados: la prima de riesgo. A base de reiterar el concepto, para el común de la gente la prima de riesgo es la diferencia de tipos de interés que pagan Alemania y España por endeudarse. Si la prima de riesgo es de 600 puntos (decir 6% sería demasiado inteligible), querría decir que si Alemania recibe préstamos al 1% de interés, España lo hace al 7%. Los que fijan el riesgo, claro, son los anónimos prestamistas que fijan a qué interés están dispuestos a prestar a uno y otro país.
Mercado secundario
Para que esa diferencia se pueda actualizar permanentemente, porque las emisiones de deuda nueva –letras, bonos, obligaciones– solo se hacen, en promedio, una vez cada dos meses, los operadores del mercado han creado el índice de la prima de riesgo. ¿En qué se basan? En el precio de la venta anticipada de emisiones que ya están en circulación y que se cotizan en el mercado secundario. Por ejemplo, quienes compraron una emisión de deuda pública que vence en el 2022, pueden venderla anticipadamente. Cuanto peor le paguen por ese anticipo, en relación a su precio original, es la prima de riesgo. Y aquí viene la pregunta clave: ¿cuánto mueve este mercado secundario que fija la prima de riesgo? Tomen nota: una cantidad más que irrisoria si se compara con el volumen de las nuevas emisiones –el martes pasado, 3.000 millones en letras— y, aún más con el total de la deuda en circulación, 800.000 millones.
Esta semana, en el mercado secundario español había un volumen de posibles transacciones de unos 13.000 millones de euros, bonos a 10 años con vencimiento en el 2021. Pero en realidad se hicieron operaciones cada día por valor de 200 o 300 millones. Con esa escasez, ¿por qué se permite que ese índice sea el que marca todo el mercado, la misma anomalía que si los pisos usados de una provincia de España marcaran el precio de todas las viviendas nuevas? ¿Cuál es su mérito? Que con esas escasas cantidades se predetermina el precio de las nuevas emisiones de deuda. La razón no es muy distinta a la del peso de las agencias de calificación de riesgo, pese a sus deficiencias: el sistema financiero las da como válidas. En el caso de la prima, la creadora y difusora de este indicativo es la agencia de noticias Bloomberg. Igual que Standard & Poor’s, filial de un grupo editor de EEUU, el indicador procede de otro medio de comunicación, creado por Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York.
Otra clasificación que tiene sus adeptos en el mundo financiero es la de CMA Global Sovereign, vinculada a Standard & Poor’s. Mide la «probabilidad de incumplimiento» de los países en el pago de sus deudas. En la edición del segundo trimestre del 2012, CMA clasifica así a los 10 primeros países con más riesgo de incumplimiento en el pago de su deuda (entre paréntesis, la posibilidad de impago): Grecia (96,7%), Chipre (71,1%), Argentina (58,6%), Portugal (49,8%), Pakistán (49,6%), Venezuela (47,0%), Ucrania (45,1%), Irlanda (38,6%), España (37,2%) y Egipto (35,9%).