
Messi, y Alexis se abrazan tras uno de los goles que el Barça marcó esta madrugada en Tánger, en el segundo amistoso de la pretemporada. (PACO LARGO)
Messi, simplemente Messi
la estrella, a quien tito le dió el brazalete de capitán, debutó en la pretemporada marcando tres goles en los primeros 45 minutos y apabullando al Raja de Casablanca (0-8)
No entiende de vacaciones, de partidos amistosos, de nuevas rutas futbolísticas en busca del negocio como esa excursión de madrugada a Tánger (Marruecos) ni tampoco de rivales (Raja de Casablanca) agresivos y hasta belicosos. Da igual. A Leo Messi, que debutaba en la pretemporada tras perderse el partido de Hamburgo por un hematoma intramuscular, solo le importa el balón. En 45 minutos, y con el brazalete de capitán en su brazo, la estrella argentina marcó tres goles, conectó con Alexis, que firmó los otros dos, asistió a Afellay y se peleó con varios rivales porque no conoce partidos intrascendentes. Ni siquiera en verano.
Cuando el balón se puso en marcha, Messi ya estaba corriendo, iniciando la presión defensiva, aún con el moreno de unas largas vacaciones que hasta a él le han sorprendido porque no sabe estar tanto tiempo sin la pelota, y después, cuando el Barça, con solo dos cambios con respecto a Hamburgo (Rafinha por Espinosa y Messi por Deulofeu), se volvió a ver que el equipo, sin los internacionales españoles campeones de Europa (llegan mañana), es absolutamente reconocible. En el primer contacto entre Tito, en el banquillo, y Messi, en el campo, nada cambió. El Barça apabulló al Raja de Casablanca, un rival que no entendía nada. Debió pensar que lo mejor era pedirle un autógrafo a Messi y volverse feliz a casa diciendo que vieron un día jugar en Tánger al mejor del mundo.
GRAN BARTRA / Mientras Tito observaba con tranquilidad la exhibición de Messi, con una especial conexión con Alexis, autor de los otros dos goles, también debió tomar nota del excelente rendimiento de Marc Bartra, un chico que estaba presentando candidatura a la posición de cuarto central. Se entendió bien con Mascherano, a su lado es un máster de jerarquía permanente, tuvo agresividad en el corte y, sobre todo, calma en la salida del balón desde atrás. Cada día que pasa, el nombre de Bartra se escucha con más fuerza. Es un defensa nada populista y demagógico, pero tremendamente eficaz.
VASELINA DE LEO AL LARGUERO / Pero el recital de Messi no fueron sus tres goles ni sus inteligentes asistencias, dejó solo ante el portero en dos ocasiones a Afellay, sino la insaciable ambición, fusionada con esa magia que no se tumba ni un día en la hamaca a tomar el sol. Esa vaselina al larguero fue otro delicado momento de la estrella, que ha llegado de sus vacaciones conectadísimo. Y con gestos, como ceder el penalti cometido a Alexis para que lo lanzara y marcara Alves, propios de un capitán en una noche de verano. Tras una hora de fútbol (jugó 62 minutos), Messi demostró que sí mereció trasnochar para ver al Barça de Tito en Marruecos pasearse. Salió del campo y entró Deulofeu (cerró el marcador después de que Sergi Gómez anotara el séptimo), un cambio cargado de simbolismo. Lo real es que Messi ha vuelto. Bueno, nunca se ha ido. Y un discapacitado tuvo el mejor regalo: su camiseta.

Tito Vilanova, durante el partido de Tánger. (PACO LARGO)