EDITORIAL

Más presión a Rajoy

La inconcreción a que el presidente del BCE, Mario Draghi, sometió ayer sus compromisos de la semana pasada sobre una eventual intervención en los mercados de deuda hundió esos mismos mercados y trasladó toda la presión a los gobiernos de España e Italia. La bolsa española, que se había mantenido estable a la espera de las resoluciones de la autoridad monetaria europea, se vino abajo y cerró con una pérdida del 5,16%, mientras que la prima de riesgo se enfiló hasta los 600 puntos, con una subida de casi 60 en una jornada.
Draghi no pondrá en marcha lo que había anunciado. O, en todo caso, y siguiendo las exigencias de las autoridades alemanas, se tomará unas semanas para aplicar «medidas no estándar», lo que en el lenguaje críptico del BCE quiere decir compra de deuda para apoyar a los países contra los que especula el mercado. O sea, muy parecido a la semana pasada, pero con menos determinación. Lo que sí dejó muy claro es que no se tomará ninguna medida sin que antes el país interesado pida ayuda al fondo de rescate. Entonces se le hará un memorando con más compromisos, o condicionalidades como se las llama en los ámbitos comunitarios. En definitiva, lo que reclamaban las voces de la Europa con la deuda saneada: sí a las ayudas, pero siempre que las soliciten los países beneficiarios y se comprometan con medidas de política económica.
La botella medio llena tras los esfuerzos de Mario Monti, el primer ministro italiano, que oyó la rueda de prensa del BCE desde la Moncloa, donde cerró un periplo europeo con el que había tratado de vencer las resistencias de Alemania y sus satélites ante las pretensiones de Italia, y también de España: cumplimiento de los acuerdos de la última cumbre europea y compras de deuda sin más imposiciones. Una tarea en la que había colaborado el FMI asegurando que España ya está haciendo todo lo que razonablemente se le puede pedir. Los esfuerzos de Monti han desbloqueado las ayudas pero no han atenuado las condiciones. Tanto él como Mariano Rajoy intentaron sobreponerse al jarro de agua fría de Draghi y, una vez más, el italiano tuvo más pericia, mientras que Rajoy negó que tenga intención de pedir ayuda, como hizo horas antes del rescate bancario.