DOS MIRADAS DE VERANO
Lanzarse a la piscina

JOSEP MARIA
FONALLERAS
El caso de Mireia Belmonte hace que recuerde a un amigo pastelero que era alérgico al azúcar y, sobre todo, a la harina. Es decir, nada más poner los pies en el obrador se veía empujado a salir si no quería sufrir algún tipo de choque anafiláctico, porque harina y azúcar son, por definición, elementos consustanciales al mundo de la confitería. Sin embargo, con coraje y con la ayuda de quienes trabajaban con él pudo mantenerse a flote. No me pregunten cómo. Decir coraje es mencionar una palabra que tiene mucho crédito pero que esconde (en su procedencia cardiaca) una gran cantidad de llantos, insatisfacciones y renuncias. Las que él seguro que tuvo que sufrir.
Que una nadadora sea alérgica al cloro (además de asmática, otro detalle nada despreciable) es comparable al caso que les acabo de explicar. Aunque las piscinas han modernizado los sistemas de limpieza y desinfección, no es necesario insistir en que cloro y piscina son equiparables, por ejemplo, a la pareja formada por el arroz y el sofrito. Es decir, imaginas una piscina y enseguida piensas en el cloro. Por eso es tan admirable el coraje de Mireia Belmonte. Porque ha conseguido la gloria a pesar de atravesar la desazón de lo que es inalcanzable por esencia. O justamente por eso. Cuando todo parece imposible, cuando las circunstancias son más adversas, cuando el cloro te erosiona la piel, es entonces cuando has de lanzarte a la piscina.