MIRADOR

Jaque a la democracia

JOAQUIM
COLL
 
Entristece la incapacidad de nuestro sistema político para forjar grandes acuerdos, sobre todo cuando estamos a las puertas del 35º aniversario de los Pactos de la Moncloa. La transición fue un momento difícil: salíamos de una larga dictadura, había una sobrecarga ideológica a derecha e izquierda y muchos ciudadanos se identificaban todavía como vencedores o vencidos. Sin embargo, tras las primeras elecciones, el Gobierno de Adolfo Suárez y los partidos de la oposición (socialistas y comunistas, principalmente) supieron impulsar un consenso técnico y un acuerdo programático con el objetivo de romper la espiral inflacionista que nos atenazaba (alcanzó el 44% en junio de 1977), y asentar una serie de reformas de gran calado, como la progresividad fiscal.
Entonces se dijo mucho aquello de: «O los demócratas acaban con la crisis o la crisis acaba con la democracia». Pudo ser el miedo a otra guerra civil, pero lo cierto es que durante la transición se priorizó el consenso al uso partidista de los problemas económicos. Justo lo contrario de lo que ha sucedido una vez que nuestro parlamentarismo se ha consolidado. En teoría, la cultura democrática favorece el diálogo y el acuerdo, pero en la práctica no ha sido así. Podemos repartir culpas a diestro y siniestro, pero, mirándolo bien, la crispación y el disenso sistemático se instalaron en España con el giro neocon de la derecha en los 90, con la llegada de alguien tan profundamente antiliberal y nacionalista como José María Aznar. Ahora mismo, la purga de buenos profesionales en RTVE, sencillamente porque su perfil independiente y progresista es visto como un peligro para el Gobierno del PP, sigue esa estela.
Estamos a las puertas de un segundo rescate, que va a subordinarnos completamente a los dictados de Berlín e imponernos otra vuelta de tuerca en recortes. ¿No hay otro camino? Hay voces solventes que proponen una quita unilateral de nuestra deuda y la posibilidad, si no queda más remedio, de abandonar un euro que nos está costando muy caro. Produce vértigo pensarlo, pero, tal vez, no sea tan descabellado, pues todo indica que quieren aplicarnos la dieta griega: los inversores salvarán su dinero a costa de hundirnos en una larga depresión y de mucho sufrimiento ciudadano. Si regresase la cultura del consenso, seríamos capaces de plantearnos colectivamente grandes retos. Por desgracia, no sucederá. Entre tanto, la grave crisis del sistema de partidos que refleja ya la última encuesta del CIS va a poner en jaque la democracia representativa mediante revueltas y espasmos populistas: desde asaltos a supermercados a iniciativas como «Ocupa el Congreso», prevista para el 25 de septiembre, que propone disolver las Cortes, otra Constitución, y el juicio por traición de los responsables políticos.