LA ACTRIZ ACABA DE ESTRENAR EN ESPAÑA ‘LA FELICIDAD NUNCA VIENE SOLA’

Marceau, durante el rodaje de ‘La felicidad nunca viene sola’, en mayo del año pasado. (GTRES)
 

«El pudor me paraliza en las escenas eróticas»

Sophie Marceau confiesa que se siente «incómoda» rodando ligera de ropa

NANDO SALVÀ
MADRID
 
«Supongo que es porque llevo una vida muy normal. Nunca he llevado la vida de una estrella», apunta Sophie Marceau para explicar cómo logra conectar tan bien con el público de su país. Su nueva película, la comedia romántica La felicidad nunca viene sola, acaba de llegar a España tras atraer a los cines franceses a más de un millón y medio de espectadores. «El lujo me parece indecente. No soy de esas actrices que tienen 600 pares de zapatos o se gastan 20.000 euros para pasar un fin de semana en el fin del mundo. Yo prefiero pasarlos en casa, preparando la comida a mis hijos».
En La felicidad nunca viene sola, Marceau interpreta a Charlotte, directora de un museo y madre de tres niños que redescubre qué es el amor. Reconoce las similitudes entre su personaje y su experiencia. «Un oficio artístico, hijos de padres distintos, una nueva vida con otro hombre... Los parecidos son obvios». La actriz comparte su vida con el actor Christopher Lambert desde que en el 2007 coincidieron en un rodaje. Antes de eso, tuvo sendos hijos con el director Andrzej Zulawski (Vincent, de 17 años) y el productor Jim Lemley (Juliette, de 10).

«EL MATRIMONIO NO ENTRA EN MIS PLANES» / «Las separaciones son complicadas, no tiene sentido negarlo», confiesa la protagonista de Braveheart (1995) y El mundo nunca es suficiente (1999). «En ocasiones aún siento dolor. Odio separarme, pero soy incapaz de estar con alguien que ya no me ama». Afirma que conciliar las vidas pasadas con la presente no siempre le resulta fácil: «Hay que ser claro y organizado. Christopher y yo tenemos cada uno nuestro espacio vital, y procuramos que ambos coexistan en armonía». Marceau se considera defensora a ultranza de la vida en pareja. «Es la experiencia más interesante y creativa que existen la vida. Por eso, desde los 18 años, siempre he vivido con alguien». Sin embargo, nunca se ha casado. «Y aún no entra en mis planes. Siempre he tenido miedo de que el matrimonio convierta la convivencia en una rutina, en algo parecido a una obligación».
La actriz tiene 45 años, pero nadie lo diría contemplándola en La felicidad nunca viene sola, sobre todo en una escena en que aparece vestida con una pieza de lencería. «Por muchos años y muchas películas que pasen, esas escenas me siguen resultando incómodas. El pudor y la modestia me paralizan». Y no cree en los trucos ni en las fórmulas secretas para mantener la belleza. «Me limito a llevar una vida sana. Nunca me voy a dormir muy tarde, como con moderación y hago dos horas de deporte a la semana. Así ha sido siempre».
Después de más de tres décadas de carrera –debutó a los 13 años en La fiesta (1980)–, Marceau afirma no tener ningún miedo a envejecer en pantalla. «La edad es una gran compañera. No entiendo a los actores que pasan por el quirófano. Nuestra profesión no consiste en ser maniquís o iconos de moda, sino gente real». Considera que madurar como mujer tendrá efectos muy positivos en su carrera. «A partir de ahora habrá más madres, y menos mujeres que vuelven locos a los hombres. La belleza es una máscara, y a veces no deja ver lo que hay detrás».