LONDRES 2012

Brigitte Yagüe y Joel Gonzélez muestran sus respectivas medallas de plata y oro, ayer en Londres. (EFE / ALBERTO ESTÉVEZ)
Los nuevos reyes del tatami
Joel González, campeón olímpico de taekuondo y poseedor de la triple corona, quiere convertirse en el más grande de todos los tiempos de este deporte. Brigitte Yagüe, plata en menos de 49 kilos, duda sobre su retirada
LUIS MENDIOLA
LONDRES / ENVIADO ESPECIAL
No fue fácil para Joel González y Brigitte Yagüe conciliar el sueño en la noche del miércoles. Hasta pasadas las tres de la madrugada no llegaron a la villa olímpica después de completar el protocolo de la entrega de medallas, las entrevistas y el control antidopaje. Imposible dormir con tanta tensión acumulada. Así que Joel, oro en la categoría de menos de 58 kilos, y Brigitte, plata en menos de 49 kilos, que comparten entrenamientos y residencia en el CAR de Sant Cugat, e incluso círculo de amistades, disfrutaron de su éxito en el silencio de una de las salas de estar, intercambiando confidencias y sensaciones después de un día tan especial.
«Nos quedamos comentando la jugada, recordando lo que habíamos dicho en la víspera: que siempre que habíamos competido el mismo día, en Mundiales y en Europeos, habíamos sacado medalla. Y que era una buena señal», reconoció Joel González, nacido en Figueres hace 22 años. «Me era imposible irme a la cama. Por el cansancio, por la excitación. Estoy en una nube. Y aún no me doy cuenta de lo que supone, pero admito que se duerme mejor con la medalla colgada del cuello», apunta la mallorquina Brigitte Yagüe, de 31 años.
Por un momento, Joel González, referencia obligada ya a nivel mundial tras añadir la corona olímpica a sus títulos de campeón del mundo y de Europa –es decir, la triple corona–, pensó en celebrarlo al lado de las 18 personas que le están dando su apoyo en Londres desde las gradas: entre familiares y amigos. También lo pensó Brigitte, aunque ella lo tiene más complicado porque su marido, Juan Antonio Ramos, olímpico en Atenas y Pekín, se encuentra en Londres como entrenador de un luchador de Gabón.
Así que ambos optaron finalmente por posponer la fiesta y cumplir uno de los deseos de Brigitte, que soñaba con entrar en el comedor de la villa con la medalla colgada del cuello y romper la dieta que ha mantenido durante los últimos días para mantenerse en el peso de competición. «Nos pusimos las botas en el McDonald’s», confesó.
Tipología especial
«Es que Joel es así, una persona muy tranquila», relata su entrenador, Fran Martín. Y lo destaca como una de sus virtudes, aunque explica que lo que lo hace tan especial es su envergadura, una tipología que ahora está creando escuela, así como su capacidad de análisis de los combates. «Para mí –descubre Joel González, estudiante de segundo año de Criminología y de Administración de Empresas– , el combate es como una partida de ajedrez. Estudias al adversario, analizas sus puntos débiles, la mejor forma de atacarlos».
Brigitte Yagüe es todo lo contrario. Es mucho más pasional en el combate, donde deja entrever su fuerte carácter. «En las semifinales levantó un combate muy difícil, que tenía claramente en contra después de los dos primeros asaltos, por su determinación y su capacidad de lucha», cuenta Elena Benítez, su entrenadora.
Ese fuerte carácter fue precisamente el que la llevó a abandonar temporalmente el taekuondo después de los Juegos de Pekín, a los que llegó como gran favorita y en los que cayó en primera ronda. Una fractura mal curada de la mano le complicó todo a la luchadora balear. Pero cuando el director técnico de la federación, Jesús Tortosa, fue a buscarla para convencerla de que volviera al tatami para preparar la cita de Londres, no se atrevió a decir que no.
«Tenía un sueño y lo he cumplido y ahora tengo otro que me gustaría vivir también: tener un niño. Pero eso no quiere decir que lo deje. Tengo tiempo para pensarlo. Luego, si sigo a este nivel, en el que sigo siendo competitiva, será difícil retirarme», explica la taekuondista mallorquina.
En un ciclo vital muy distinto, González reconoce que todo le ha venido muy rápido, mucho más de lo que esperaba. A los 19 años, en su primer Mundial, se llevó el título. Un año después consiguió el campeonato de Europa. Desde entonces no conoce la derrota en las grandes competiciones y jamás ha sufrido una lesión. «Lo mejor es no ponerme techo, ir con las mismas ganas con las que empecé. Espero seguir así, a ver si puedo ser el deportista más grande en la historia del taekuondo».