LONDRES 2012

La campeona del Idiazabal

LA MEDALLISTA vive en el caserio familiar, en la provincia de Álava, donde compagina el entrenamiento con el cuidado de las ovejas y la fabricación de queso

BEGOÑA ARCE
LONDRES
 
La medalla de ayer es para Maider Unda la culminación de una carrera deportiva, que poco tiene que ver con las instalaciones de los centros de alto rendimiento y las técnicas que emplean otros atletas de élite. Prácticamente toda la vida de esta vasca ha transcurrido en campo, en el caserío alavés de Olaeta, cerca del parque natural de Urkiola. En la granja familiar se dedican a cuidar de un rebaño de ovejas y a hacer queso Idiazabal con denominación de origen. Primero sus padres, que ya se han jubilado y ahora ella, se encargan de las labores. El trabajo es duro, pero entre cerdos, gallinas, gatos, caballos y sus perros, la luchadora dice ser feliz.
Su jornada empieza al alba, haga frío o calor, y en invierno la comarca aparece frecuentemente nevada. La pastora olímpica intercala las sesiones de entrenamiento, con el ordeñe de las 300 ovejas, la recogida de la leche, el manejo del tractor y el segado de la hierba. Faena nunca falta. Su gimnasio, en Vitoria, queda a media hora de coche y allí suele marchar por las tardes, después de haber hecho pesas por la mañana en casa. Ella ha labrado su carrera a su manera. Su paso por la residencia Blume en Madrid no funcionó. Echaba de menos su tierra, sus ovejas, sus quesos. Decidió seguir al margen del control de las federaciones.
Maider era una niña de 9 años cuando empezó a practicar la especialidad de sambo, un tipo de lucha diferente. Lo hacía contra chavales de otros pueblos, porque los chicos eran los únicos interesados en ese deporte. Eso la convirtió en una contrincante aun más fuerte y combativa. Con voluntad, tesón y muchos sacrificios ha logrado ganar un total 13 Campeonatos de España de lucha libre en distintos pesos. También consiguió la medalla de bronce en los Campeonatos del Mundo del 2009 y las de bronce en los Europeos del 2010 y en el de este año. Un gran palmarés en un deporte con escasa tradición en España.
En Pekín, a Maider la medalla se le escapó por muy poco. Quedó quinta. La de Londres era su última oportunidad de coronar el palmarés con un trofeo olímpico. A los 35 años su carrera como deportista de élite se apróxima a su fin. Ella además quiere retirarse y tener hijos con Aitor, su pareja.
Ayer en la sala Excel estaba su familia y un grupo de amigos que llegaron para animarla, con ikurriñas y gritos de «oe, oe, oe». Cuanado acabó el combate, estalló el entusiasmo. A la vitoriana le colocaron una boina, mientras la abrazaban y la besaban. Su entrenador Luis Crespo, se subió al hombro a la campeona, que peleaba en la modalidad de menos de 72 kilos. Crespo es electricista en las horas libres y la federación no siempre le paga los viajes cuando hay competición. Nada de eso les importaba cuando Maider subió al pódium. Habían logrado lo que quería y lo habían hecho como ella misma había decidido. Era el momento de celebrar un triunfo por el que llevaban esforzándose toda la vida.